El informe de Red Lab titulado «Born to Be Wild and Viral», publicado el 28 de julio de 2026, afirma que los animales se han transformado en una de las fuerzas culturales más poderosas de las redes sociales, superando en alcance de atención a campañas publicitarias, celebridades e incluso a los influencers humanos.
Según los datos del estudio, los hashtags #dogs y #cats suman juntos más de 710 millones de publicaciones en todo el mundo, y el 15 por ciento de todo el tráfico de internet está relacionado con los gatos; el 98,5 por ciento de los usuarios de redes sociales vio recientemente vídeos de animales, y el número de fotos de gatos en la red creció de 1,3 mil millones en 2010 a 6,5 mil millones para 2025.
Los investigadores de Red Lab vinculan la tendencia con la reducción de la atención: según los datos de la doctora Gloria Mark, de la Universidad de California, el tiempo medio de concentración en una sola tarea en un dispositivo digital cayó de 150 segundos en 2004 a 47 segundos en 2024.
Los animales encajan perfectamente en esta ventana comprimida: provocan emociones al instante sin necesidad de traducción, superan las barreras lingüísticas y culturales y se perciben como absolutamente auténticos; a diferencia de las personas, «no pueden manipular», «no tienen mánagers» y «no publican disculpas».
El informe presenta tres ejemplos destacados de los últimos dos años: el macaco japonés Punch the Monkey, cuyo vídeo con un orangután de peluche superó los 100 millones de visualizaciones y duplicó las visitas al zoológico; el «pingüino nihilista» de la película de Werner Herzog, que en enero de 2026 acumuló en TikTok más de 50 millones de visualizaciones; y el hipopótamo pigmeo Moo Deng, de Tailandia, cuyos vídeos sumaron millones de visualizaciones y multiplicaron por cinco el flujo de visitantes al zoológico.
Red Lab formula las «cinco leyes de la viralidad animal»: el animal debe expresar accidentalmente una emoción humana, el momento debe admitir distintas interpretaciones, la historia debe quedar inconclusa, el animal debe parecer auténtico y el contenido debe comprimir un sentimiento complejo en un único visual sencillo.
Para las marcas, la conclusión no es simplemente filmar más animales en la publicidad, sino comprender la «traducción emocional»: las personas comparten contenido para señalar su identidad y su pertenencia.
El informe advierte sobre la siguiente etapa: los animales de IA, que ya aparecen en cuentas como Guggimon y The Bee Influencer y que en el futuro podrían sustituir a los animales reales, generando los mismos desencadenantes emocionales sin la imprevisibilidad de los seres vivos.
Así pues, los animales no solo entretienen, sino que conforman una nueva economía de la atención, en la que la autenticidad y la conexión emocional instantánea se convierten en las principales monedas.

