Por qué la inteligencia no es igual a la conciencia: tres argumentos contra la IA consciente

Editado por: Alex Khohlov

19 de octubre de 2026 se publicó en la revista Nature un comentario del neurocientífico Anil Seth, de la Universidad de Sussex, del filósofo Ned Block, de la Universidad de Nueva York, y del neurocientífico Giulio Tononi, de la Universidad de Wisconsin en Madison. El título del texto es directo:

«Tres razones por las que la IA no posee conciencia y, posiblemente, nunca la poseerá».

Los autores sostienen que los sistemas de IA actuales no tienen experiencia subjetiva y que, con los enfoques de desarrollo vigentes, difícilmente la adquirirán.

La idea central del trabajo es separar dos conceptos que en el debate público casi siempre se confunden.

La inteligencia, según la definición de los autores, es lo que un sistema sabe hacer: desempeñar funciones, resolver tareas, controlar el movimiento.

La conciencia es algo muy distinto: es cómo se siente ser ese sistema, en el espíritu de la formulación del filósofo Thomas Nagel.

La diferencia puede comprobarse en el propio cerebro. El cerebelo contiene casi cuatro quintas partes de todas las neuronas del cerebro humano y realiza cálculos motores precisos y de rápida adaptación, pero no percibimos su funcionamiento. Los autores recuerdan que la extirpación o la ausencia del cerebelo no afecta directamente a la conciencia. La conciencia, en cambio, según ellos, es lo que desaparece durante el sueño sin sueños y bajo anestesia general.

Antes, la idea de una IA consciente se consideraba marginal, pero ahora se debate seriamente: el biólogo Richard Dawkins y Geoffrey Hinton admitieron públicamente esa posibilidad, y Anthropic publicó anteriormente, en 2026, un estudio que hablaba de indicios computacionales de conciencia en el modelo Claude.

El trabajo suscitó críticas, entre ellas las de Anil Seth. Los autores del comentario responden a ese contexto mediante la asimetría de los errores: la decisión debe tomarse sopesando el riesgo de negar erróneamente la conciencia donde existe y el riesgo de atribuirla erróneamente donde no existe. Para la IA actual, según su evaluación, el segundo error es mucho más probable.

El segundo argumento se refiere al sustrato, aquello de lo que está hecho el sistema. Los autores rechazan el funcionalismo computacional, según el cual basta con ejecutar el programa correcto en cualquier soporte para que surja la experiencia. La computación, como reconocen, es suficiente para la inteligencia, pero no necesariamente para la conciencia. El cerebro, según su formulación, no puede reducirse a una computadora de carne: el tejido nervioso no se divide en «programa» y «hardware», y su estructura y sus procesos físicos son inseparables de lo que hace.

Por eso los chips de silicio, a juicio de los autores, no ofrecen la organización que la conciencia requiere, a diferencia de las redes neuronales del cerebro.

El tercer argumento se apoya en teorías científicas concretas, sobre todo en la teoría de la información integrada (IIT), que Tononi desarrolla desde hace muchos años. Según esta, la conciencia surge de la densa conectividad de los componentes de un sistema, y las típicas redes neuronales profundas con arquitectura de capas de propagación hacia adelante (feed-forward) carecen de esa conectividad. De ahí se sigue que, incluso con una equivalencia funcional completa con el ser humano, detrás del comportamiento de la máquina puede no haber nada de experiencia fenoménica.

Además de la IIT, los autores se apoyan en el naturalismo biológico, que vincula la conciencia con los procesos biológicos del cerebro.

Conviene comprender también los límites del propio trabajo. No es un experimento, sino un comentario: los autores analizan datos neurocientíficos y filosóficos ya acumulados y las posiciones existentes. Sus conclusiones se apoyan en la adopción de determinadas teorías de la conciencia, y las interpretaciones alternativas quedan abiertas.

Los autores advierten además: si la IA fuera realmente consciente, ello plantearía cuestiones sobre el sufrimiento, los derechos y el bienestar; y si solo parece consciente, concederle derechos podría dificultar la gestión y el control de tales sistemas, y la atención y los recursos se apartarían de seres cuya capacidad de sufrir no suscita dudas.

La distinción entre inteligencia y conciencia se ilustra bien comparando una calculadora con una persona. La calculadora realiza operaciones de forma impecable, pero no tiene mundo interior, y ningún aumento de potencia convertirá la aritmética en la vivencia del resultado. La persona, en cambio, no solo calcula, sino que siente lo que ha salido.

En esencia, los autores clasifican la IA moderna como herramientas, no como sujetos, y en esta lógica incluso los modelos más complejos están más cerca de una calculadora que de un ser humano.

El trabajo pone en cuestión no solo las perspectivas técnicas de la «IA consciente», sino también supuestos más amplios: si la mente puede separarse de su base biológica y qué significa eso para la ética y para la comprensión de la experiencia humana. Si la mente es transferible a cualquier soporte, la cuestión de la conciencia de las máquinas se convierte en una cuestión de ingeniería. Si no lo es, la IA moderna sigue siendo una herramienta poderosa, y las cuestiones morales sobre el sufrimiento deberían dirigirse a quienes realmente son capaces de sufrir.

Los autores proponen a la comunidad científica partir por defecto de que la IA no es consciente. La posición puede discutirse, pero es precisamente ella la que ahora marca el punto de referencia para el debate.

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Fuentes

  • Consciousness - Recent articles and discoveries

  • Seth, Block and Tononi: AI isn't conscious, may never be (aiweekly)

  • In Nature, Seth, Block and Tononi argue AI isn't conscious (aiweekly)

  • Three reasons why AI is not conscious and perhaps never will be (csnsf, репост Nature, doi 10.1038/d41586-026-03313-7)

  • Seth, Block, Tononi: AI not conscious, perhaps never will be (aiweekly)

  • Seth, Block and Tononi: AI isn't conscious, perhaps never will be (aiweekly)

  • nature on X: LLMs can mimic thought and feeling (пост Nature)

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