El nuevo plan federal para la gestión del río Colorado reduce los suministros de agua a Arizona en 27% anuales hasta el año 2028. Son restricciones obligatorias que afectarán principalmente al Proyecto Central de Arizona, el sistema de canales que lleva agua del río a las zonas de Phoenix y Tucson.
Las autoridades municipales están seguras: los grifos de las casas no se secarán. Phoenix y los municipios vecinos se han preparado durante décadas para este escenario y tienen fuentes de agua diversificadas.
La principal reserva son los ríos Salt y Verde, que ya proporcionan alrededor del 58% de las necesidades de Phoenix. Además, se utilizan aguas subterráneas e infraestructura construida en los últimos años, incluido el "oleoducto de sequía" de 300 millones de dólares.
Empresas privadas como EPCOR también se han preparado: sus sistemas de tuberías permiten redistribuir el agua entre fuentes, y el acceso a parte del agua del Colorado está protegido por arrendamientos a largo plazo con comunidades indígenas.
Sin embargo, la adaptación es costosa. Los nuevos proyectos, desde pozos hasta la modernización de plantas de tratamiento, requieren inversiones de miles de millones. Estos gastos recaerán finalmente sobre los consumidores.
En Gilbert, donde el 41% del agua proviene del Colorado, las facturas ya han aumentado aproximadamente el doble desde el año 2024. Se espera un aumento similar en otras ciudades del valle.
¿Cuánto tiempo se podrá equilibrar entre los recortes y los crecientes costos?
El plan de dos años da un respiro, pero después del año 2028, las autoridades federales se reservan el derecho a recortes más profundos, hasta el 40% de los volúmenes actuales para los tres estados inferiores de la cuenca. Los gestores municipales de agua subrayan que las decisiones son conocidas, pero su implementación costará aún más.
