En el Centro Nacional de Artes Visuales de Damasco se inauguró la primera exposición del nuevo proyecto «El arte deja huella — 2026». Más de 200 obras de 197 artistas de distintas generaciones y tendencias se reunieron en un mismo espacio: pintura y gráfica, escultura y caligrafía, fotografía, arte digital y nuevos medios.
No se trata simplemente de una gran exposición colectiva. Por primera vez a semejante escala, la escena artística siria recibe un espacio donde distintas generaciones, técnicas y maneras de ver el mundo se encuentran unas junto a otras. El proyecto fue concebido como una plataforma regular para el arte contemporáneo del país, capaz de registrar con cada nueva edición su desarrollo y su diversidad.
Arte sin un único argumento
Lo más llamativo de la exposición es su amplitud.
Aquí hay obras vinculadas con la memoria y con la experiencia humana de los últimos años. Pero junto a ellas hay paisajes, composiciones abstractas, experimentos con el color y la forma, hojas caligráficas, fotografías y obras creadas con ayuda de tecnologías contemporáneas.
El artista puede dirigirse a la memoria, o puede explorar el color puro. Puede trabajar con un lugar concreto, o puede crear un mundo completamente abstracto. Puede continuar la tradición de la caligrafía o utilizar herramientas digitales.
Todas estas tendencias existen simultáneamente. Y precisamente esa diversidad se convierte en uno de los gestos principales del proyecto.
La exposición muestra cuán amplio puede ser el espacio del arte cuando no está obligado a hablar únicamente de la experiencia histórica. La memoria se convierte aquí en uno de los posibles materiales artísticos, junto con el color, la forma, la línea, el espacio, la naturaleza y la tecnología.
197 artistas: una sola escena
Los organizadores se propusieron deliberadamente presentar la vida artística del país de la manera más amplia posible. En el proyecto participan maestros reconocidos y autores jóvenes, artistas que trabajan en técnicas clásicas y quienes experimentan con nuevos medios.
En un mismo espacio se encuentran distintas generaciones. Esto permite ver no solo las diferencias entre ellas, sino también cómo las ideas artísticas siguen transmitiéndose, transformándose y adquiriendo una nueva resonancia.
En lugar de un único enunciado curatorial, el espectador recibe múltiples voces independientes.
En ello radica una de las características importantes del proyecto: no propone una única mirada sobre el arte sirio contemporáneo, sino que crea un espacio en el que pueden coexistir simultáneamente distintas estéticas, temas y posturas artísticas.
De la caligrafía a las prácticas digitales
La voluntad de abarcar el mayor número posible de lenguajes artísticos se advierte también en la estructura de la exposición.
Además de pintura, escultura y gráfica, aquí se presentan cerámica, caligrafía árabe, gráfica impresa, fotografía, video, instalaciones y obras digitales.
La caligrafía en las obras contemporáneas puede convertirse en una forma plástica autónoma: línea, ritmo y espacio. Junto a ella existen tecnologías y nuevos medios que amplían los límites habituales de la obra artística.
Así, la exposición muestra el arte contemporáneo no como un conjunto de géneros separados, sino como un campo en constante expansión en el que las formas tradicionales pueden encontrarse con la experimentación.
La memoria: uno de los materiales
Entre las obras hay piezas que se dirigen directamente a la compleja experiencia de los últimos años. Entre ellas se encuentran «Ángel mártir» de Youssef al-Bushi y la litografía de María as-Sarjan «Shock y negación». En la exposición también se presentan obras relacionadas con Damasco, Maalula, Palmira y otros lugares.
Pero junto a ellas hay obras que no pretenden narrar una historia de manera literal.
La memoria no se convierte aquí en el único lenguaje. Es uno más entre los muchos materiales con los que trabajan los artistas.
Para un autor puede ser la imagen de una ciudad, para otro el color, para un tercero la línea, para un cuarto la figura humana, para un quinto el entorno digital.
El arte tiene la posibilidad no solo de conservar lo vivido, sino también de crear nuevas imágenes del presente.
Un espacio para el diálogo entre generaciones
Una parte importante del proyecto es el encuentro de artistas de distintas edades y trayectorias creativas. En un mismo espacio coinciden maestros cuya práctica se ha formado a lo largo de décadas y autores que apenas comienzan su camino.
Este formato crea un espacio para el diálogo —entre la experiencia y la experimentación, la tradición y la tecnología, los lenguajes ya consolidados y los que apenas están surgiendo.
En lugar de separar por generaciones, la exposición propone verlas al mismo tiempo: como partes de una misma escena artística que sigue desarrollándose.
Por eso el proyecto se convierte no tanto en el balance de un período determinado, sino en el comienzo de una nueva conversación artística.
La exposición como comienzo de un archivo
El proyecto tiene también una dimensión más a largo plazo. Los organizadores anunciaron la creación de un sistema profesional de selección y premiación de obras, así como la adquisición de determinadas piezas para la colección artística nacional.
El programa expositivo se complementa con cinco seminarios y tres talleres especializados que vinculan la muestra con el programa educativo y de debate.
Así se va formando poco a poco una infraestructura que puede existir más allá de una sola exposición. Cada nueva edición podrá añadir al archivo artístico nuevos nombres, obras y tendencias, registrando los cambios dentro de la vida artística contemporánea de Siria.
La huella que se crea ahora
El nombre del proyecto puede leerse no solo como una reflexión sobre la conservación del pasado, sino también como una afirmación sobre el presente.
La huella del arte puede ser material: un cuadro, una fotografía o un objeto que pase a formar parte de la colección. Puede ser visual: una imagen que permanezca en la memoria del espectador. Y puede ser cultural: una idea, una técnica o un lenguaje artístico que siga viviendo y desarrollándose en la siguiente generación.
En este sentido, «El arte deja huella» habla ante todo de la creación.
De la posibilidad de reunir en un mismo espacio 197 voces artísticas distintas. Del encuentro entre maestros reconocidos y autores jóvenes. De la convivencia de la memoria y la abstracción, el paisaje y la caligrafía, las técnicas tradicionales y los nuevos medios.
Por primera vez, semejante diversidad forma parte de un solo proyecto, y en eso radica precisamente su significado.
Si la iniciativa continúa, con el tiempo su huella no será solo una colección de obras individuales, sino también la historia del arte contemporáneo de Siria que se va creando paulatinamente: una historia en la que distintas generaciones y lenguajes artísticos podrán seguir encontrándose, transformándose y creando algo nuevo.


