En el laboratorio de unos químicos británicos, la corriente eléctrica se convirtió de repente en la herramienta principal para crear la compleja molécula de la colchicina, una sustancia conocida desde la antigüedad como remedio contra la gota y candidata potencial a fármaco anticancerígeno.
La colchicina posee un característico sistema de anillos 6-7-7 y varios elementos de estereoquímica, lo que durante décadas inspiró a los químicos orgánicos a buscar nuevas rutas para su síntesis total. Los métodos tradicionales a menudo requerían oxidantes tóxicos y metales de transición, dejando tras de sí residuos peligrosos y trazas de catalizadores estrictamente controladas en la industria farmacéutica.
El grupo de Andrei Malkov, de la Universidad de Loughborough, desarrolló una ruta de ocho etapas en la que cuatro transformaciones clave se llevan a cabo mediante electroquímica. La electricidad controla la reducción de un doble enlace, el desprotegimiento oxidativo del grupo amino, el acoplamiento intramolecular para formar el anillo de siete miembros y el proceso de desaromatización. La síntesis se completa con una condensación aldólica mecanoquímica sin disolvente y una aminación reductiva organocatalítica.
La principal ventaja es la sustitución de oxidantes estequiométricos y metales por corriente limpia. Esto reduce la toxicidad, simplifica la purificación del producto y hace que el proceso sea más escalable. La mecanoquímica en la primera etapa permite prescindir de disolventes y acortar el tiempo total.
Los expertos señalan que la electroquímica deja de ser un recurso exótico y se convierte en un elemento central de la planificación retrosintética de moléculas complejas. El equipamiento se vuelve más accesible y los métodos, más fiables y energéticamente eficientes.
El nuevo trabajo subraya cómo la química sostenible va ocupando un lugar en el arsenal de los sintetizadores, ofreciendo una vía más limpia y controlada hacia compuestos biológicamente activos.
