En la constelación de Orión, a unos 1300 años luz de la Tierra, el joven sistema estelar triple GW Orionis no deja de asombrar a los astrónomos.
Alrededor de sus tres estrellas, giran múltiples anillos de polvo y gas, los cuales representan el material de construcción para futuros planetas. Estos anillos son conocidos desde hace tiempo por una peculiaridad: se encuentran inclinados en ángulos diversos y no yacen en el mismo plano.
Durante mucho tiempo, se creyó que la causa de esto era la influencia gravitacional de las propias estrellas. Sin embargo, nuevas observaciones revelan ahora un escenario diferente y más dinámico.
Gracias al Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA), los astrónomos han detectado un gigantesco flujo de gas, denominado “streamer”, que se extiende aproximadamente un billón de millas, o 0,2 años luz. Este flujo, lento pero constante, nutre el sistema, transportando materia desde una nube molecular circundante directamente hacia el disco exterior.
Investigadores liderados por Maria Galloway-Sprietsma, de la Universidad de Florida, examinaron en detalle el movimiento del gas mediante las líneas moleculares de monóxido de carbono. Se descubrió que la trayectoria del streamer coincide con la orientación del anillo de polvo exterior, pero difiere significativamente de la posición del anillo interior. Según los científicos, esta discrepancia es precisamente lo que explica las inclinaciones observadas.
“Al simular cómo el flujo incide en el disco, el ángulo de su impacto se correlacionó estrechamente con el anillo exterior”, señala Galloway-Sprietsma. Los cálculos indican que el momento angular del streamer es actualmente menor que el del disco, lo que sugiere que estamos observando una etapa tardía del proceso.
Anteriormente, es probable que el flujo tuviera un mayor impulso y lograra “deformar” las regiones exteriores, mientras que los anillos interiores permanecieron casi inalterados.
ALMA se ha revelado como la herramienta ideal para este tipo de investigación. Su alta resolución y sensibilidad permitieron a los científicos no solo visualizar el streamer a gran escala, sino también rastrear su cinemática.
Los datos de observaciones archivadas de los anillos de polvo se complementaron con nuevas mediciones utilizando todas las configuraciones del telescopio: la de 12 metros, la de 7 metros y Total Power. Como resultado, se pudo establecer un vínculo entre el streamer y la región circundante de formación estelar, indicando que el sistema, al parecer, continúa acumulando material de la nube progenitora mediante un mecanismo similar a la acreción de Bondi-Hoyle.
Este escenario difiere notablemente de los esquemas convencionales de los libros de texto, donde los planetas se forman en discos tranquilos y planos. La realidad se muestra mucho más turbulenta: los flujos de gas externos pueden reconfigurar los discos incluso en etapas avanzadas de su existencia, lo que puede resultar en órbitas inclinadas o incluso retrógradas para los futuros planetas. GW Orionis sirve ahora como un laboratorio natural para el estudio de estos procesos.
Los investigadores tienen previsto buscar streamers similares en otros sistemas jóvenes para determinar la prevalencia de este mecanismo. En cuanto a GW Orionis, las próximas observaciones de ALMA se centrarán en las moléculas que emiten ondas de choque en el punto de colisión del flujo con el disco. Esto contribuirá a una comprensión más precisa de cómo el gas en caída modifica la composición química y la dinámica del material del que, eventualmente, podrían formarse planetas.

