En el mundo de los grandes simios, donde la competencia por la comida puede estallar en cualquier momento, un simple contacto físico a veces resulta más poderoso que las palabras. Una nueva investigación ha revelado que gestos como los abrazos o los toques ligeros ayudan a los bonobos y chimpancés a reducir la tensión antes de la alimentación conjunta y a mantener la paz en el grupo.
New study suggests ancient origins of reassuring social touch among apes science.org/content/articl…
Científicos de la Universidad de Durham analizaron el comportamiento de cinco grupos semisalvajes de bonobos y chimpancés en santuarios africanos. Antes de liberar alimento en un espacio limitado que simulaba la competencia natural en los árboles frutales, los investigadores registraron todos los casos de contacto tranquilizador. Posteriormente, monitorearon cuánto tiempo pasaban los individuos comiendo juntos y con qué frecuencia surgían conflictos.

Los resultados fueron concluyentes: aquellos individuos que intercambiaban contactos físicos con mayor frecuencia antes de la alimentación, posteriormente comían durante más tiempo cerca de otros. En los bonobos, el efecto fue especialmente perceptible entre las hembras, mientras que en los chimpancés lo fue entre los machos, lo que refleja las particularidades de sus estructuras sociales. Además, los resultados más contundentes se observaron en grupos más tolerantes, donde ya existían alianzas sólidas.

Resultan particularmente interesantes las formas de contacto "arriesgadas" en los chimpancés, como, por ejemplo, cuando un macho introduce los dedos en la boca de otro. Estos gestos eran más frecuentes en grupos tranquilos y, al parecer, sirven como señal de confianza: "soy vulnerable, pero confío en que no me harás daño". Comportamientos similares se observan en ambas especies, lo que sugiere raíces comunes que se remontan al menos seis millones de años, hasta un ancestro compartido con los humanos.
Este descubrimiento arroja luz sobre cómo evolucionaron en la naturaleza los mecanismos para mantener los lazos sociales. Allí donde la agresión podría destruir un grupo, el contacto físico actúa como una herramienta flexible que reduce el estrés y fortalece las alianzas. Las analogías con el comportamiento humano son evidentes: todavía nos abrazamos en momentos de tensión y, quizás, esto no sea solo un hábito cultural, sino un legado ancestral.
El estudio se llevó a cabo en los santuarios de Lola ya Bonobo en la República Democrática del Congo y Chimfunshi en Zambia, con la participación de un equipo internacional de científicos. Los autores planean continuar su trabajo, investigando cómo influyen exactamente los contactos físicos en los niveles de hormonas del estrés y si estos ayudan a prevenir conflictos en otras situaciones.
Comprender estos mecanismos ancestrales nos ayuda a apreciar mejor la complejidad de los lazos sociales en la naturaleza y nos recuerda que la conservación de los hábitats de los grandes simios es también la preservación de ejemplos vivos de cómo la evolución nos ha enseñado a convivir.

