En los tramos superiores del Yangtsé, donde las aguas glaciares aún guardan memoria del período Cuaternario, habita uno de los peces más raros del planeta: la trucha de Chuanshan. Esta especie relicta, conocida también como taimén de Chuanshan (Hucho bleekeri), ha sobrevivido milenios, pero hoy se encuentra al borde de la extinción. Recientemente, cuatro ministerios chinos —el Ministerio de Agricultura, el Ministerio de Ecología, el Ministerio de Recursos Hídricos y la Administración Estatal de Silvicultura y Pastizales— aprobaron conjuntamente el «Plan de Acción para el Rescate del Taimén de Chuanshan para los años 2026–2035».
El documento divide el trabajo en dos fases. En los próximos cinco años se planea detener la disminución de las poblaciones naturales, duplicar la superficie de los hábitats clave y liberar anualmente en la naturaleza al menos cinco mil ejemplares con una tasa de supervivencia superior al treinta por ciento. Para el año 2035, el área de distribución deberá crecer otra vez el doble y la cantidad de peces silvestres deberá duplicarse. Para ello se contemplan siete líneas principales: monitoreo y rescate de grupos naturales, protección y restauración de hábitats, conservación de la diversidad genética, mejora de las tecnologías de cría artificial, reconstrucción de poblaciones naturales, control de las actividades en los cuerpos de agua y trabajo de divulgación.
La trucha de Chuanshan es el depredador supremo del curso superior del Yangtsé. Su estado sirve como un indicador de la salud de todo el ecosistema fluvial. Así como un barómetro sensible muestra los cambios climáticos y la calidad del agua, este pez refleja cuán estable es toda la cadena, desde el plancton hasta los grandes depredadores. La desaparición de la especie significaría no solo la pérdida de un habitante, sino una señal de un profundo desequilibrio que afecta tanto a otras especies como a las personas que dependen del río.
El plan incluye medidas estrictas para regular el uso del agua, fortalecer la protección legal y la coordinación interinstitucional. Se presta especial atención al banco genético y a la reproducción artificial, para preservar la diversidad acumulada durante millones de años de evolución. Estos pasos son importantes no solo para el pez en sí, sino también para comprender los antiguos procesos climáticos que los científicos estudian a partir de los restos y el genoma de las especies relictas.
En diez años, los especialistas chinos pretenden convertir los esfuerzos dispersos en un programa sistemático, donde cada etapa esté respaldada por financiamiento, datos científicos y control. Esto no es solo salvar a un pez, sino un intento de devolver al río a su antiguo guardián y, con ello, fortalecer la sostenibilidad de toda la región.


