Hace veinte años, en el zoológico de Lincoln, el fotógrafo Joel Sartore comenzó a fotografiar a una rata topo desnuda, un roedor insignificante que se convirtió en el primer habitante de su «Arca de Fotos». Hoy, el proyecto de la National Geographic Society ha alcanzado la marca de 18 000 especies, y el aniversario está marcado por el retrato del críticamente amenazado pez mano rojo, una diminuta criatura del fondo marino frente a las costas de Tasmania que parece un muñeco enojado.
Sartore fotografía animales en zoológicos, acuarios y refugios de todo el mundo, colocándolos sobre un fondo monocromático negro o blanco. Esta técnica iguala a un elefante y a una polilla, haciendo que el espectador vea a cada criatura como una personalidad única. El objetivo no es solo un archivo, sino un intento de despertar en las personas el cuidado por aquellos que suelen quedar fuera de cuadro: lampreas, gorriones, insectos que viven en el suelo o en lo alto de las copas.
En dos décadas, Sartore ha logrado capturar también a aquellos que ya se han ido. El rinoceronte blanco del norte Nabire murió una semana después de la sesión; la rana Taphie, la última de su especie, falleció en 2016. Estas imágenes recuerdan: la biodiversidad no desaparece de manera abstracta, sino concreta, especie por especie, y cada habitante perdido se lleva consigo parte de la compleja red de la vida de la que también depende el ser humano.
El proyecto nació de una historia personal: cuando la esposa de Sartore enfermó de cáncer, él regresó a casa y comenzó a fotografiar animales locales. La esposa se recuperó y el «Arca» continuó. Hoy, Sartore trabaja casi sin días libres, pero prepara a un sucesor: su hijo Cole, que ya acompaña a su padre en las expediciones. El optimismo del fotógrafo no se alimenta de cifras, sino de personas: guardianes, científicos y voluntarios que salvan especies en el terreno a diario.
Los retratos del «Arca de Fotos» muestran que incluso la polilla más modesta en una mosquitera o un escarabajo pelotero merecen atención. Cuando miramos a un animal directamente a los ojos, queda claro que todos tienen derecho a existir, desde los saltamontes hasta los orangutanes. Esto no es solo un archivo de belleza, sino un espejo en el que se refleja nuestra responsabilidad por el planeta, donde cada especie es parte de un todo único.
Sartore cree que si las personas ven a estas criaturas sin las etiquetas habituales de «importante» o «insignificante», dejarán de luchar entre sí y comenzarán a proteger el patrimonio común. Veinte años y 18 000 especies son solo la mitad del camino hacia la meta de 20–25 mil, pero ya el archivo funciona como catalizador de esfuerzos reales de conservación.

