En las escuelas y parques de Australia se está desplegando una campaña poco habitual: niños y adultos pasan 20 minutos al aire libre contando las aves de su entorno. Ya para el 23 de octubre de 2026, los participantes han registrado más de 3,7 millones de ejemplares, y los organizadores de BirdLife Australia están convencidos de que el resultado superará el récord del año pasado, de 5 millones.
La iniciativa «Aussie Bird Count» se celebra del 19 al 25 de octubre y se ha convertido en el mayor proyecto de ciencia ciudadana del país. Cualquier persona interesada puede sumarse a través de la aplicación o del sitio web: basta con elegir un lugar —desde el patio de una escuela hasta una parada de autobús— y anotar todas las aves avistadas. El año pasado participaron en el recuento alrededor de 64 mil personas, que enviaron más de 150 mil informes y registraron 621 especies.
Las escuelas se suman con especial entusiasmo. En el Cedars Christian College de Wollongong, la profesora Karen Jooste integró la observación de aves en las clases de matemáticas, escritura y ecología. Los alumnos de los primeros cursos no solo cuentan urracas australianas y loriquitos arcoíris, sino que también llevan diarios, dibujan y debaten por qué unas especies se adaptan a las ciudades y otras desaparecen. En el recinto escolar habitan familias de urracas australianas, loriquitos arcoíris, patos de bosque e incluso una familia de nínox con polluelos.
Según los organizadores, una de cada seis aves australianas está amenazada de extinción. El recuento ayuda a comprender cómo la urbanización y el cambio climático influyen en las poblaciones. Muchas observaciones llegan de ciudades y suburbios, donde son comunes la urraca australiana, el loriquito arcoíris y el manorina bullicioso. Al mismo tiempo, los datos muestran que las aves forestales pequeñas se ven cada vez más desplazadas de sus hábitats habituales.
La participación no requiere conocimientos especiales: la aplicación sugiere las especies comunes en un radio de 10 km y permite buscar aves por tamaño, forma y color. Los organizadores señalan que incluso las observaciones breves durante la comida o mientras se espera el transporte aportan información valiosa. Este año se espera un repunte de actividad en el último fin de semana antes del cierre, a medianoche del 25 de octubre.
Este tipo de proyectos demuestran que la conexión con la naturaleza empieza por prestar una simple atención a lo que ocurre al otro lado de la ventana. Las observaciones periódicas ayudan no solo a reunir datos, sino también a advertir cómo cambia el mundo que nos rodea y a participar en su conservación.


