La firma neuronal de la conciencia pura

Autor: Elena HealthEnergy

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¿Qué ocurre en el cerebro cuando los pensamientos casi desaparecen, la sensación habitual de tiempo y de cuerpo se retira, y la propia conciencia permanece?

Precisamente este estado intentaron estudiar los investigadores en practicantes experimentados de meditación trascendental. En el trabajo participaron 33 meditadores y un grupo de control comparable que, en lugar de meditar, realizaba un conteo mental. Los científicos registraron simultáneamente el EEG y recogieron informes detallados sobre la experiencia subjetiva de los participantes.

Se prestó especial atención a un estado que los autores denominan pure awareness — «conciencia pura»: una vivencia en la que el contenido habitual disminuye, pero la vigilia y la propia presencia de la conciencia se conservan.

Los resultados mostraron que el cerebro en ese momento no pasa en absoluto a un simple modo de «silencio».

Los investigadores analizaron la entropía temporal de la señal, la actividad aperiódica, la complejidad y la conectividad funcional entre regiones del cerebro. Y descubrieron que distintas características cobran importancia según con qué estado se compare la meditación.

Al compararla con el conteo mental, resultaron especialmente notables los cambios en la entropía temporal y en la dinámica aperiódica. Y cuando la meditación se comparaba con el descanso ordinario de esos mismos practicantes, pasaba a primer plano la conectividad funcional de baja frecuencia.

Es decir, los investigadores no encontraron un único «ritmo de la conciencia pura».

En su lugar surgió un panorama más interesante: el estado se manifestaba como una compleja configuración distribuida de la dinámica cerebral, imposible de reducir al funcionamiento de una sola zona o de una sola frecuencia.

Los informes subjetivos de los participantes también resultaron importantes. Los practicantes describían el estado de conciencia pura como más pronunciado y más variable en el tiempo que los participantes del grupo de control. Al mismo tiempo, su intensidad no dependía directamente del número de años de práctica.

Para las investigaciones sobre la conciencia hay aquí un punto especialmente importante.

El mínimo de contenido de la conciencia resultó no ser en absoluto igual al mínimo de actividad neuronal.

Cuando el flujo de pensamientos se vuelve más silencioso, el cerebro no se limita a «apagar el sonido». Reorganiza su propia forma de organizarse.

Puede imaginarse una orquesta que ha dejado de tocar una melodía conocida. Los músicos permanecen en el escenario, la interacción continúa, pero la música adquiere otra estructura.

Por eso este trabajo es interesante no solo como investigación sobre la meditación. Plantea una pregunta más fundamental: ¿qué en el cerebro está vinculado al contenido concreto de la conciencia —pensamientos, sensaciones, imágenes—, y qué puede estar vinculado a la propia presencia de la conciencia?

Por ahora, el estudio no permite hablar de un biomarcador universal de la «conciencia pura». Se estudió una sola forma de meditación, y los patrones de EEG encontrados aún deben verificarse en otras prácticas y en muestras independientes.

Pero una conclusión ya resulta especialmente curiosa: cuando el contenido de la conciencia casi desaparece, el cerebro no se vuelve vacío. Empieza a funcionar de otro modo.

Y, quizá, precisamente en esa diferencia entre aquello de lo que somos conscientes y el propio hecho de la conciencia se esconde una de las claves para comprender la naturaleza de la conciencia.

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Fuentes

  • Distilling the Neurophenomenological Signatures of Pure Awareness during Transcendental Meditation

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