❓PREGUNTA:
Pensaba que el dharma era una especie de intención superior, pero resulta que son cadenas. ¿O son cosas diferentes? Entonces, ¿qué es el dharma?
❗️RESPUESTA de Lee:
Es simplemente una palabra. Permanece como suspendida en el aire, al igual que la palabra «valor». Pero cuando a estas palabras se les otorgan significados adicionales (emocionales), se inventan historias y se construyen sentidos morales, es entonces cuando todo empieza. Es cuando el Juego comienza.
En su esencia, la palabra «dharma» significa algo parecido a una ley. En un sentido más amplio, no se refiere a la Ley de Atracción, sino más bien a «leyes humanas». La diferencia radica en que la Ley de Atracción describe una mecánica general para todo, mientras que las «leyes humanas» son conceptos acordados o impuestos.
En el hinduismo, el dharma fue ensalzado para mantener la estructura de gobierno; es decir, se legalizaron las manipulaciones.
Antes de nuestra civilización, el dharma se entendía de un modo más general, como la descripción de la estructura de las conexiones arquetípicas. Por ejemplo, un rey tiene el dharma de un rey, lo que significa que su vida y sus propósitos no son representativos para un guerrero, que tiene su propio dharma. Esto se asemeja a frases como «esta es tu profesión, que te exige…» y «eres bueno en tu profesión porque has cumplido bien tus tareas».
En este contexto, si nuestros presidentes siguieran el dharma, serían evaluados por cuánto creció el bienestar del pueblo durante su mandato. «Muéstrenme la cifra de aumento del salario de los maestros y les diré cuán bueno fue su presidente en su cargo», algo así. Y todas las excusas de «quería, pero me lo impidieron» constituyen un «mal seguimiento del dharma presidencial».
El ejemplo anterior ilustra cómo se puede interpretar el término «dharma» sin necesidad de adentrarse en referencias históricas. Es más, cuando el dharma se consideraba la norma, nadie cuestionaba que el «cumplimiento de los deberes profesionales» pudiera interpretarse de otra manera. Es decir, la presidencia actual no se analizaría desde la perspectiva de «me gusta más este que el otro», sino que se considerarían indicadores estrictos: si hay un logro en términos de bienestar de las personas o no.
La ejecución de las funciones propias, de forma estricta según la definición de estas, sería el sentido aproximado.




