¿Es posible experimentar un estado similar a una experiencia psicodélica sin LSD, psilocibina o cualquier sustancia?
En el año 2026, neurocientíficos de Argentina describieron un caso raro de una mujer capaz de entrar voluntariamente en un estado inusual de conciencia, con imágenes geométricas vívidas, alteración de la sensación corporal, debilitamiento del sentido habitual del 'yo' y experiencia de unidad con el mundo circundante.
Los investigadores realizaron con ella 20 sesiones de resonancia magnética funcional y descubrieron que este estado se acompañaba de una reorganización sostenida y reproducible del funcionamiento cerebral.
Lo más interesante fue que con los psicodélicos clásicos como el LSD o la psilocibina, la actividad cerebral a menudo se vuelve más variable: aumenta la entropía de las señales, las redes habituales comienzan a interactuar de manera menos rígida y la dinámica cerebral se vuelve menos predecible.
Aquí ocurrió casi lo contrario. Cuando la participante entraba en el estado inusual, la entropía de la señal BOLD disminuía. Sin embargo, la complejidad estadística de la actividad cerebral aumentaba.
En otras palabras, el cerebro no se volvía más caótico, sino más estructurado, aunque la experiencia subjetiva se volvía extraordinariamente rica.
Paralelamente, cambiaba la conexión entre las grandes redes neuronales. Las áreas visuales interactuaban más débilmente con parte de los sistemas sensoriales y motores, mientras que algunas redes de atención interna, de prominencia y autorreferenciales reestructuraban sus conexiones.
La transición en sí parecía especialmente interesante. Primero, la organización neuronal se volvía temporalmente menos estable, como si el cerebro abandonara su modo habitual de funcionamiento. Luego surgía una nueva configuración relativamente estable. Era algo así como un cambio entre dos modos de conciencia.
Esto es importante porque los estados alterados suelen ser difíciles de estudiar. La meditación, el trance, las experiencias místicas profundas o la experiencia psicodélica varían mucho de una persona a otra y son difíciles de reproducir bajo demanda. Aquí, el estado podía ser inducido voluntariamente y repetido muchas veces dentro del escáner.
Por eso, el estudio ofrece una oportunidad rara de observar no solo una experiencia inusual, sino el propio proceso de transición del cerebro de un estado estable a otro.
Además, la importancia práctica del trabajo podría ser mucho más amplia que el caso inusual en sí. Investigaciones como esta pueden ayudar a comprender mejor cómo cambia la organización cerebral en pacientes con trastornos de la conciencia y por qué la experiencia subjetiva puede persistir incluso con un funcionamiento muy alterado de las redes neuronales.
Otra dirección prometedora son los métodos no farmacológicos para tratar la ansiedad y la depresión. Si resulta que algunos estados alterados de conciencia realmente se pueden inducir de manera confiable sin sustancias, entonces el efecto terapéutico en el futuro podría separarse del agente farmacológico en sí. Entonces, no solo importaría qué sustancia desencadena el estado, sino también la configuración misma de la experiencia consciente en la que entra la persona.
Quedan muchas preguntas por delante. Los científicos tendrán que relacionar los momentos específicos de la experiencia subjetiva con la dinámica de las redes neuronales, comprender por qué en este caso la entropía disminuyó en lugar del aumento esperado y determinar hasta qué punto la capacidad de entrar voluntariamente en tales estados está extendida entre las personas.
El estudio se basa en una sola persona. No demuestra que cualquiera pueda aprender a entrar en ese estado, ni significa que la experiencia sea completamente equivalente al efecto de los psicodélicos.
Pero muestra algo importante: el cerebro es capaz de crear formas extremadamente inusuales de experiencia subjetiva sin influencia química externa, simplemente cambiando su propia organización en red.
Y una de las ideas más intrigantes aquí es precisamente que la riqueza de la experiencia consciente no requiere necesariamente un mayor caos neuronal. La conciencia puede volverse más inusual precisamente cuando el cerebro se vuelve más organizado.
El trabajo de Pablo Barttfeld, Gabriel Della Bella y sus colegas no da una respuesta definitiva sobre la naturaleza de los estados alterados. Pero abre otra puerta para comprender cuán plástica puede ser la propia arquitectura de la conciencia humana.


