Incluso después de varios meses en órbita, la Tierra todavía es capaz de sorprender a quienes la ven cada día desde el espacio.
Los astronautas de la NASA Jessica Meir y Jack Hathaway, que se encuentran en la Estación Espacial Internacional, hablaron sobre los fenómenos naturales más impresionantes que han logrado observar desde una altura de unos 400 kilómetros.
Y, de forma inesperada, el espectáculo principal para ellos no resultaron ser los eclipses, sino las auroras polares. 🌌
Ondas verdes bajo la estación
Según Jessica Meir, una impresión especialmente fuerte causó en la tripulación una potente aurora, surgida tras un estallido de actividad solar.
Normalmente las auroras se concentran cerca de los polos, pero en aquella ocasión el brillante resplandor verde se encontraba prácticamente justo debajo de la Estación Espacial Internacional.
Desde la órbita, se veía como una enorme cinta luminosa que serpenteaba sobre la superficie de la Tierra.
La luz verde era tan brillante que se reflejaba incluso en las estructuras blancas de la estación.
Para las personas que ven cada día amaneceres, océanos, nubes y las luces nocturnas de las ciudades desde la órbita, semejante espectáculo resultó, de todos modos, especial.
También vieron el eclipse
El 12 de agosto la tripulación de la EEI observó un eclipse solar.
La estación no se encontraba en la zona de la fase total, por lo que los astronautas solo vieron una parte del evento: la Luna cubrió una parte del disco solar.
Y, sin embargo, la posibilidad de observar el movimiento de la Luna frente al Sol, no desde la superficie de la Tierra, sino directamente desde el espacio, es en sí misma una rareza.
Ahora la tripulación espera ver desde la órbita también el próximo eclipse lunar.
Una vista a la que es imposible acostumbrarse
Las historias de los astronautas recuerdan especialmente bien una cosa sencilla: incluso las personas más experimentadas, que trabajan durante meses en el espacio, no dejan de asombrarse ante la belleza de nuestro planeta.
Las auroras polares surgen cuando las partículas cargadas del viento solar interactúan con el campo magnético y la atmósfera de la Tierra.
Desde la superficie las vemos como franjas verdes, rojas y violetas en el cielo.
Pero desde la órbita, el panorama es completamente distinto.
La aurora se transforma en una enorme estructura luminosa que parece abrazar el borde del planeta y moverse junto con la atmósfera.
Y es precisamente esa vista la que es capaz de hacer detenerse incluso a una persona para quien el espacio se ha convertido hace mucho tiempo en su lugar de trabajo.
Estamos acostumbrados a mirar las estrellas de abajo hacia arriba. Pero a veces, los paisajes cósmicos más hermosos se revelan cuando miras de arriba hacia abajo, hacia nuestra propia Tierra.



