Los Knicks han vuelto a las finales por primera vez desde 1999 y, por primera vez desde entonces, han tomado ventaja en la serie. Tras arrebatar el factor cancha en Texas, el equipo pone rumbo al Madison Square Garden con la moral por las nubes. Jalen Brunson está liderando a la franquicia hacia su primer anillo en medio siglo, en lo que ya son unos playoffs legendarios para él.
Los Spurs, comandados por el joven Wembanyama, mostraron carácter, pero por ahora acusan la falta de experiencia en los momentos clave. No obstante, aún queda mucha serie por delante y se espera que el ambiente en Nueva York sea eléctrico.
En 1999, los New York Knicks y los San Antonio Spurs ya se midieron por el título de la NBA. En aquel entonces, los texanos, de la mano de un pragmático Tim Duncan, frenaron en seco el sueño neoyorquino. Veintisiete años después, la historia se repite, aunque los papeles parecen estar invirtiéndose sobre la marcha.
Los Knicks llevan más de medio siglo sin lucir un anillo de campeón, una sequía que se remonta a 1973. Han iniciado estas finales como si estuvieran decididos a compensar todas esas décadas en una sola semana. Los dos primeros partidos en Texas, donde los Spurs suelen construir un fortín inexpugnable, se convirtieron en un jarro de agua fría para los locales. Nueva York logró imponerse en ambos encuentros como visitante.
Primero llegó una sólida victoria en el encuentro inicial (105-95) con un parcial arrollador en los últimos minutos. Después vino el suspense del segundo choque, que finalizó entrada la madrugada del 6 de junio, hora europea. El ajustado 105-104 en el luminoso del Frost Bank Center selló un 2-0 crucial para los Knicks en la serie.
Jalen Brunson ha sido el gran cerebro detrás de este éxito. Su sangre fría en los instantes decisivos paraliza por completo la defensa del oponente. Brunson no se limita a anotar, sino que domina el tempo del partido, anulando la principal virtud de San Antonio: el contraataque rápido.
¿Cómo reaccionará Victor Wembanyama ante este desafío? El gigante francés está cuajando una temporada extraordinaria, pero en las finales su talento y físico únicos no bastan por ahora para superar la disciplina colectiva de Nueva York. En cuanto Wembanyama se sienta a descansar, el ataque de los Spurs empieza a flaquear. El cuerpo técnico de Texas debe encontrar cuanto antes a otros jugadores dispuestos a compartir el peso del liderazgo.
Ahora la serie final se traslada al legendario Madison Square Garden. Nueva York contiene la respiración a la espera de los acontecimientos. ¿Lograrán los Spurs ajustar su táctica ante la presión de la grada o se convertirá esta final en el gran recital de Brunson? Conoceremos la respuesta en los próximos días, pero la ventaja psicológica está ahora totalmente del lado del Este.



