¿Calor? Sopa caliente, el viejo truco para refrescarse.

Editado por: Svitlana Velhush

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Empezaba el mediodía, y mientras el calor vibraba sobre el asfalto y las camisas se pegaban a la espalda, una vendedora mayor en un modesto puesto callejero de Bangkok servía un abundante tom yum en un cuenco. Un denso vapor se elevaba, mezclándose con el penetrante aroma a lima, hierba limón y chile.

El cliente dio el primer sorbo, y en menos de un minuto, finas gotas de sudor comenzaron a brillar en su frente.

Este ritual, que a primera vista podría parecer extraño, es bien conocido por millones de personas en las regiones más cálidas del planeta. Cuando las temperaturas se disparan, su instinto no les lleva a buscar algo frío; por el contrario, eligen lo caliente. Esta elección no va en contra de la lógica, sino que se basa precisamente en ella.

El calor de la sopa estimula al cuerpo a sudar con mayor abundancia. La evaporación de esa transpiración de la piel disipa el calor de manera mucho más eficaz que cualquier aire acondicionado o bebida helada.

En el Sudeste Asiático, Oriente Medio e India, las sopas y caldos calientes forman parte de la dieta diaria, incluso durante las estaciones más sofocantes.

Este método resulta especialmente eficaz en lugares donde el aire está cargado de humedad y los termómetros han superado los 35 grados Celsius desde hace tiempo. El propio clima ha impartido una lección valiosa a sus habitantes: en ocasiones, para refrescarse de verdad, es necesario primero entrar en calor adecuadamente.

Detrás del mostrador de aquel puesto de comida en Bangkok se encuentra Mali, de 68 años. Lleva cuarenta años preparando tom yum, siguiendo la receta de su madre y su abuela. Mientras remueve su olla, ofrece una explicación sencilla:

"La sopa fría engaña al cuerpo", comenta. "No se da cuenta de que hace calor fuera. Pero la sopa caliente te hace sudar, y después, te sientes inmediatamente más ligero".

Cada mañana, Mali adquiere hierbas frescas en el mercado, donde las temperaturas alcanzan fácilmente los cuarenta grados Celsius bajo el toldo. Sus manos recuerdan la presión precisa necesaria para machacar un tallo de hierba limón, asegurando que su aroma se libere por completo solo en el agua hirviendo.

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En la actualidad, esta técnica ancestral se enfrenta a nuevos desafíos. Los veranos son cada vez más calurosos, las ciudades se expanden y las generaciones más jóvenes buscan cada vez más refugio en cafeterías con aire acondicionado y bebidas frías.

Sin embargo, el interés por los métodos tradicionales no ha disminuido. Esto es especialmente cierto entre quienes buscan reducir su dependencia de la electricidad.

En algunas regiones de India y Tailandia, médicos y nutricionistas vuelven a subrayar que un plato caliente puede ser más beneficioso que uno helado durante las olas de calor.

Para experimentar verdaderamente este efecto, lo ideal es visitar un puesto de comida callejera típico o una cocina doméstica en el momento de mayor calor del día, en lugar de un restaurante turístico con aire acondicionado.

Lo óptimo sería hacerlo durante la temporada en que las hierbas y especias locales alcanzan su máxima potencia.

Es crucial, además, que después de terminar la comida, se evite la prisa por beber agua fría. Permita que la transpiración se evapore de forma natural.

La sopa caliente en pleno calor nos recuerda una verdad sencilla pero fundamental: el cuerpo y el mundo que nos rodea están conectados de forma más intrincada de lo que a menudo percibimos. Y a veces, para refrescarse de verdad, uno debe permitirse primero entrar en calor.

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Fuentes

  • It’s Hot Out. You Should Be Eating Hot Soup.

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