A finales de julio de 2026, la revista Nature publicó un estudio que cambia significativamente la percepción de la historia precolombina de la Amazonia. Un equipo internacional de científicos utilizó la tecnología LiDAR —escaneo láser aéreo capaz de penetrar la densa vegetación—. En tan solo unas horas de vuelo sobre el dosel del bosque en los estados brasileños de Acre y Amazonas, se pudo «ver» lo que durante décadas había permanecido oculto.
Los investigadores sobrevolaron unos 4430 km y cubrieron 4497 km². El resultado es impresionante: de las 432 estructuras de tierra (geoglifos y otras obras de tierra) descubiertas, solo 36 eran conocidas previamente. Estas zanjas, terraplenes y recintos geométricamente regulares —circulares, cuadrados, poligonales— se construyeron a partir de aproximadamente el año 600 a.C. y se utilizaron hasta el 800–850 d.C. Algunas zanjas alcanzaban de 9 a 13 metros de ancho y hasta 5 metros de profundidad. Muchas estructuras se agrupaban en clústeres conectados por caminos y, al parecer, sirvieron como centros ceremoniales y políticos para reuniones temporales de personas de diferentes grupos, en lugar de asentamientos permanentes.
Anteriormente, se habían encontrado unas 1300 estructuras similares en imágenes satelitales y aéreas en la parte norte de la Amazonia sudoccidental. Los nuevos datos LiDAR permitieron extrapolar: solo en esta región podría haber entre 20 y 30 mil estructuras de tierra en un área de unos 183 mil km². Esto es comparable a las estimaciones anteriores para toda la Amazonia en su conjunto. Los científicos denominan a esta cultura «Aquiry», por el río que fluye en la zona de los hallazgos.
En su apogeo, aproximadamente entre los años 100 y 300 d.C., la población de la región, según estimaciones cautelosas, podría haber alcanzado entre 1,25 y 3 millones de personas, y considerando el alcance del LiDAR, hasta 3,8 millones. La gente practicaba la agricultura de roza y quema, cultivaba maíz, calabaza, árboles frutales (incluida la palma de melocotón) y transformaba activamente el paisaje. La construcción de estructuras a tan gran escala requería una organización laboral desarrollada, conocimientos de geometría y planificación a largo plazo.
El LiDAR no solo añadió cientos de puntos nuevos al mapa, sino que también reveló que muchos geoglifos están rodeados por terraplenes externos adicionales, previamente indetectables. En las áreas interfluviales de Purús y Juruá, la densidad de estructuras resultó ser menor, lo que sugiere posibles «zonas de amortiguación» entre diferentes grupos. Sin embargo, en las orillas de los ríos, por ejemplo, en la zona de Carauari, continúan los hallazgos.
Estos descubrimientos encajan en un creciente conjunto de datos que está cambiando la imagen de la Amazonia: en lugar de un «bosque virgen», vemos un paisaje antropogénico, moldeado por milenios de actividad humana. Si densidades de población similares se confirman en otras partes de la cuenca, habrá que revisar las estimaciones de la población total precolombina de la región, el impacto humano en los suelos, la biodiversidad e incluso los modelos climáticos globales.
La tecnología LiDAR, que ya ha revolucionado la comprensión de los mayas y otras culturas, demuestra una vez más su poder. Bajo el denso dosel verde de la Amazonia todavía hay muchos secretos, y cada nuevo vuelo puede abrir otro capítulo de una historia olvidada. Por ahora, los hallazgos en la Amazonia sudoccidental nos recuerdan que, incluso en los rincones del planeta aparentemente más estudiados, la naturaleza y el tiempo pueden guardar asombrosos testimonios del pasado humano.


