Las ciudades de Nueva Inglaterra cambian los céspedes por flores silvestres para ayudar a los polinizadores

Editado por: An goldy

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En el parabrisas de un coche que recorría las carreteras rurales de Nueva Inglaterra en la década de 1990, quedaban decenas de insectos. Hoy en día, casi no quedan tales rastros. Esta sencilla «prueba del parabrisas», como la llaman los investigadores, demuestra claramente cuánto ha disminuido la población de polinizadores silvestres.

El destino del abejorro de parches oxidados (Bombus affinis) es especialmente preocupante. La última vez que se le vio en Nueva Inglaterra fue en el año 1999, y en la costa este, en el 2009. Desde el año 2017, la especie figura en la lista de especies en peligro de extinción en los Estados Unidos: su población se ha reducido en un 87 por ciento. Las causas son conocidas: los pesticidas y la pérdida de hábitat. Sin estos abejorros y otras abejas silvestres, las cosechas de muchos cultivos disminuyen notablemente.

Investigadores de la Universidad del Nordeste, dirigidos por el profesor Damon Hall, decidieron comprobar si los municipios comunes pueden cambiar la situación. Desde enero de 2026, el equipo ha estado estudiando las políticas de más de 2500 ciudades y pueblos de Nueva Inglaterra y del estado de Nueva York. Recopilan datos sobre la plantación de flores silvestres, la reducción de la frecuencia de siega de los céspedes en las cunetas de las carreteras, la creación de «corredores para polinizadores» e incluso sobre los techos verdes en los edificios municipales.

Ya existen los primeros ejemplos. En Somerville (Massachusetts) se ha adoptado un plan de acción para los polinizadores: se recomienda a los residentes que planten flores silvestres e incluso que utilicen macetas en los balcones. En Boston y Bangor se colocan colmenas en los techos de los edificios municipales, y en Keene (Nuevo Hampshire) se está realizando un inventario de los terrenos adecuados. En el estado de Maine, se anima a los residentes a fotografiar al raro abejorro para entender dónde se le puede encontrar todavía.

La esencia del enfoque es sencilla: en lugar de céspedes perfectamente cortados, se opta por zonas con dientes de león, tréboles y otras plantas melíferas. Reducir la siega da tiempo a las flores para florecer y proporciona refugio a los insectos. Estas medidas no requieren grandes presupuestos, pero cambian el aspecto habitual de los espacios urbanos. Demuestran que, incluso en zonas densamente edificadas, se pueden crear condiciones para la vida de los polinizadores.

El proyecto de Hall y sus estudiantes —Madison Farmer, Madison Oxnard y Ella Froeh— se encuentra todavía en la fase de recopilación de datos. Analizan ordenanzas, presupuestos y planes urbanísticos, y llaman a las administraciones para pedir aclaraciones cuando es necesario. El objetivo es entender qué soluciones funcionan mejor y cómo escalarlas. Si se logra salvar al menos una especie, esto ayudará también a otras abejas y, en última instancia, a las cosechas de las que depende nuestra alimentación.

Los municipios que plantan flores silvestres y siegan la hierba con menos frecuencia ayudan directamente a conservar a los polinizadores y las cosechas.

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Fuentes

  • Bees by the book. Can municipalities save the pollinators?

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