Investigadores de la Universidad de Monash predicen que la Antártida nos ofrece una ventana crítica de 30 a 50 años para prepararnos ante el aumento del nivel del mar. Según un estudio publicado en la revista Nature el 20 de junio de 2026, la capa de hielo de la Antártida perderá masa a un ritmo predecible durante las próximas décadas, aunque esta previsibilidad disminuirá drásticamente a partir de mediados de siglo.
La doctora Felicity McCormack, directora de la investigación y miembro del programa Securing Antarctica's Environmental Future (SAEF), señala que, hasta el momento, los modelos climáticos han subestimado la interacción entre el agua de deshielo y la circulación oceánica. A medida que las barreras de hielo se derriten, el agua dulce altera la densidad de las masas de agua en la costa antártica, lo que facilita que las corrientes profundas y cálidas (la Corriente Circumpolar Profunda) penetren bajo las capas de hielo, intensificando el deshielo. Este constituye uno de los mecanismos clave que anteriormente no se habían contemplado plenamente en las proyecciones.
La Antártida Occidental es especialmente vulnerable: el glaciar Thwaites (también conocido como el "glaciar del Juicio Final") y otras plataformas de hielo de la región ya muestran signos de inestabilidad y una pérdida acelerada de masa. Si toda la capa de hielo de la Antártida Occidental colapsara, el nivel del mar global aumentaría aproximadamente 3,3 metros, amenazando a ciudades costeras y zonas de baja altitud.
Según los cálculos de los investigadores, la aceleración del deshielo durante los próximos 30 a 50 años podría sumar al aumento del nivel del mar un volumen equivalente a varios años del ritmo actual de pérdida. Uno de los hallazgos fundamentales es que la tasa de pérdida de hielo en 2025 sirve como un sólido indicador del ritmo de deshielo para las décadas siguientes, independientemente del escenario de emisiones o de la complejidad del modelo utilizado. Esto implica que la humanidad dispone de un margen relativamente claro para planificar la adaptación al cambio en el nivel del mar.
Sin embargo, a partir de los años 2050-2060, la previsibilidad disminuye: los procesos no lineales, las retroalimentaciones a largo plazo y las incertidumbres en los escenarios climáticos comienzan a prevalecer. Un grupo internacional de climatólogos subraya la necesidad de incorporar pronósticos multidecadales en las políticas de adaptación climática. Según estimaciones del IPCC, una cuarta parte de las viviendas en Australia, así como vastos territorios en el Pacífico y otras regiones bajas del mundo, podrían verse amenazadas por un aumento del nivel del mar superior a los 2 metros para el año 2100.
Los investigadores tienen previsto seguir perfeccionando los modelos, integrando datos sobre los procesos de circulación local y las retroalimentaciones entre el hielo y el océano. La Dra. McCormack subraya que el momento actual representa una ventana de oportunidad durante la cual la comunidad internacional puede responder a los cambios previsibles y mitigar los riesgos para las regiones costeras.

