En numerosos experimentos, después de realizar tareas cognitivas agotadoras, caminar por un parque o un bosque recuperaba la atención de forma notablemente más eficaz que caminar por las calles de la ciudad. Fueron precisamente estos resultados los que sentaron las bases de la teoría de la restauración de la atención de Stephen y Rachel Kaplan. Ahora, Richard Jagacinski, investigador de la Universidad Estatal de Ohio, ha propuesto una hipótesis matemática que podría explicar este efecto a través del mecanismo de la onda atencional viajera (travelling wave).
Según el nuevo modelo, la atención distribuida puede representarse como una onda que se propaga a una velocidad constante, pero capaz de cambiar su frecuencia espacial y temporal. Cuando una persona se encuentra en un entorno natural espacioso, la longitud de onda aumenta y ambas frecuencias disminuyen. Esto crea un régimen de percepción más lento, característico de los paisajes naturales con su estructura fractal, transiciones suaves y ritmos pausados.
En el entorno urbano, la situación es la opuesta. La multitud de objetos que cambian rápidamente, letreros, transporte y señales corresponden a frecuencias atencionales más altas. Según la hipótesis del autor, es este trabajo de alta frecuencia el que requiere un mayor esfuerzo de control voluntario y conduce más rápidamente al agotamiento cognitivo.
Para justificar su modelo, Jagacinski utiliza los resultados de estudios que demuestran que, con atención sostenida, el cerebro exhibe oscilaciones rítmicas en el rango de aproximadamente 3-8 Hz.
Los experimentos de búsqueda visual, donde una persona es capaz de procesar varios objetos simultáneamente, brindan apoyo adicional, lo que concuerda mejor con una organización atencional ondulatoria distribuida que con la idea de un escaneo secuencial del entorno.
La suposición de una velocidad de propagación constante de la onda también ayuda a explicar un conocido efecto visual: cuando los objetos se mueven lentamente, los percibimos como una trayectoria única, mientras que al aumentar la velocidad, comenzamos a distinguir varios objetos móviles independientes. El autor interpreta este límite como el límite natural de la velocidad de funcionamiento de la atención focal.
La teoría clásica de Kaplan explicaba el efecto restaurador de la naturaleza por cualidades como el "encanto suave" (soft fascination), la sensación de amplitud y misterio. El nuevo modelo propone traducir estas características subjetivas a parámetros cuantitativos. En lugar de la difícilmente medible sensación de "encanto", aparece una magnitud potencialmente medible: la frecuencia espacio-temporal de la onda atencional.
Imagine círculos en la superficie de un lago tranquilo. Cuanto más largas son las ondas, más lentamente se mueven sobre el agua y más tranquila se percibe la marea. Por analogía, los paisajes naturales pueden transferir la atención a un modo de frecuencia más baja, lo que permite reducir la carga sobre los sistemas de control voluntario. Por el contrario, un entorno urbano saturado mantiene frecuencias más altas de conmutación de la atención, lo que contribuye a la acumulación de fatiga cognitiva.
Si este modelo recibe confirmación experimental, podría convertirse en un paso importante hacia la descripción cuantitativa de cómo las características del entorno afectan la atención y la percepción subjetiva. Esto abrirá nuevas posibilidades no solo para la investigación de la conciencia, sino también para el diseño de entornos urbanos, programas de rehabilitación cognitiva y recuperación después de un uso prolongado de dispositivos digitales.

