En los segundos Juegos Mundiales de Robots Humanoides en Pekín, el 23 de agosto de 2026, el robot Tiangong Omni ganó el oro en la final de carrera de 400 metros en el grupo pequeño. El tiempo fue de 45,66 segundos.
El video de su carrera se difundió rápidamente en la red. El robot corría con el torso inclinado hacia adelante y los brazos levantados cerca de la cara. Los espectadores compararon esta postura con la de «una persona tímida que se esconde tras las palmas» o «un sprint con ansiedad social».
Los desarrolladores de la empresa pekinesa X-Humanoid explicaron que el robot ideó esa forma de andar por sí mismo. Los ingenieros inicialmente habían programado el balanceo humano de brazos, pero durante el aprendizaje por refuerzo en simulación, Tiangong Omni encontró una variante más eficiente.
Las rotaciones de cadera y el movimiento a través de la cintura requerían menos energía, reducían el calentamiento de las articulaciones de los hombros y ayudaban a mantener el equilibrio a alta velocidad. La inclinación del torso desplazaba el centro de gravedad hacia adelante, lo que también aceleraba la carrera.
Ese mismo día, otro robot de la misma empresa, Tiangong Ultra, ganó la final del grupo grande con un tiempo de 38,15 segundos. Esto es más rápido que el récord humano en 400 metros, que ostenta Wayde van Niekerk desde 2016 (43,03 segundos).
Los juegos se celebran del 22 al 26 de agosto en Pekín. Participan más de dos mil robots de 16 países. Las competiciones de carrera ahora requieren total autonomía: los robots perciben el entorno, toman decisiones y controlan el movimiento sin control remoto.
¿Por qué el robot eligió una postura tan inusual en lugar del estilo clásico de sprint?
Los desarrolladores señalan que estas soluciones «no humanas» aparecen cada vez con más frecuencia cuando las máquinas aprenden de forma autónoma. Esto abre el camino a aplicaciones inesperadas en los más diversos ámbitos.

