Alexander Zverev se clasificó para la final del US Open tras vencer a Karen Khachanov en tres sets con un marcador de 6:3, 7:6(7), 7:6(6). A primera vista, una victoria segura del favorito. En realidad, un partido en el que el ruso obligó dos veces al alemán a jugar al límite en los tie-breaks y demostró que, incluso en el papel de underdog, es capaz de dictar el ritmo.
Zverev, que ya conquistó Roland Garros esta temporada y alcanzó la final de Wimbledon, continúa una serie de tres finales de Grand Slam consecutivas. Para el alemán de 29 años es ya su segundo intento de llevarse el título en Nueva York tras la derrota en 2020. Khachanov, por su parte, igualó su mejor resultado en el US Open y llegó por tercera vez en su carrera a las semifinales de un major, pese a su modesto puesto 50 en el ranking.
La clave de la victoria de Zverev no fue tanto la potencia del saque como su capacidad de mantener la concentración en los intercambios prolongados. En los momentos decisivos, el alemán se llevó los peloteos largos, incluido un intercambio de 34 golpes en el tie-break del segundo set. Khachanov, en cambio, tras salvar dos bolas de set en el primer tie-break, acabó cediendo: mostró carácter, pero le faltó precisión en los instantes clave.
Este partido volvió a recordar que en el tenis la diferencia entre un jugador de élite y un sólido jugador de segunda fila a menudo no se mide por la técnica, sino por la capacidad de no temblar cuando el marcador está igualado y el cansancio se acumula. Zverev, que ha atravesado lesiones y pruebas públicas, parece ahora un jugador que ha aprendido a convertir la presión en combustible.
En la final le espera un estadounidense: o bien Ben Shelton, o bien Frances Tiafoe. Para Estados Unidos es la oportunidad de ver por primera vez desde 2003 a un tenista suyo en el partido decisivo de un Grand Slam masculino. Para Zverev, la posibilidad de convertirse en el cuarto jugador de la Era Open que gana los dos primeros majors en un mismo año natural.
La victoria sobre Khachanov no es solo un paso hacia el título. Es la confirmación de que, en una época en la que las jóvenes estrellas caen una y otra vez por lesiones o por falta de forma, son precisamente la experiencia y la solidez mental las que se convierten en el arma principal.

