En la final del Singapore Tennis Open, la canadiense Leylah Fernandez salvó un punto de set y luego ganó nueve juegos consecutivos. El marcador 7:5, 6:0 frente a la australiana Talia Gibson parece contundente, pero detrás de él no hay solo un partido sólido, sino un regreso tras una larga pausa sin títulos.
Fernandez entró al torneo por wild card, con el 31-º puesto del ranking. En cuartos de final venció a la primera cabeza de serie, Mirra Andreeva, y en semifinales remontó desde un marcador 1:6 contra Mai Hvalinska. Estos partidos demostraron que la tenista de 24 años sabe reajustarse a mitad del encuentro cuando todo sale mal, cuando nada sale según lo previsto.
La clave de la victoria es el trabajo con su padre, Jorge, que la entrena desde los ocho años. Tras el partido, Fernandez confesó que fueron precisamente sus palabras sobre la paciencia las que la ayudaron en los momentos difíciles. En el tenis, donde un intercambio fallido puede quebrar la concentración durante todo un set, ese apoyo se convierte en una ventaja real.
Para Gibson, la final fue la primera de su carrera. La australiana llegó a ella tras el abandono de su rival en semifinales y ya había logrado vencer a Maria Sakkari. Sin embargo, en el segundo set los errores se sucedieron uno tras otro, y Fernandez lo aprovechó sin piedad. La diferencia de experiencia en partidos de final resultó decisiva.
La victoria le aportó a Fernandez 500 puntos de ranking y 185 mil dólares. Subió en el live-ranking y ahora tiene dos títulos de la WTA 500 en su carrera. Sus seis trofeos los ha conquistado en pista dura, la superficie donde la canadiense se siente más segura.
Este éxito demuestra lo importante que es no perder la fe en uno mismo tras una racha sin victorias. Fernandez ha probado que, incluso después de un año sin títulos, se puede volver y llevarse el premio principal si se mantiene el enfoque y se cuenta con personas de confianza al lado.


