Tres horas en la oscuridad con Elizabeth Holmes: Anatomía de la mayor intriga cinematográfica del año

Autor: Svitlana Velhush

Puedes ver todo | Teaser oficial HD | A24

Telluride, Colorado. Fin de semana del 6 al 7 de septiembre de 2026. El aire huele a pinos y a magia cinematográfica.

En el famoso Festival de Cine de Telluride, los espectadores están acostumbrados a las sorpresas. Pero lo ocurrido el domingo superó los límites de la intriga habitual. Antes de que comenzara la proyección secreta, se pidió al público que entregara sus teléfonos móviles en bolsas especiales de bloqueo de señal. El gesto fue casi simbólico: para sumergirse en la historia de la mayor ilusión del siglo XXI, primero había que renunciar voluntariamente a la conexión con la propia realidad.

El título de la película apareció en la pantalla solo cuando los espectadores ya habían ocupado sus asientos en la sala a oscuras. «You Can See Everything» («Puedes verlo todo»). Una epopeya documental de casi tres horas sobre Elizabeth Holmes, la mujer cuyo nombre se convirtió en sinónimo del colapso de Silicon Valley y que hoy cumple una condena de 11 años por uno de los fraudes más audaces de la historia.

La arquitectura del engaño

La película, producida bajo el sello del estudio A24 (cuya marca es desde hace tiempo garantía de un gusto estético y conceptual impecable), nos traslada a mayo de 2023. Faltaban exactamente 34 días para que la puerta de la celda se cerrara tras Holmes.

Fue entonces, en una casa alquilada en California, cuando comenzó el rodaje. Holmes no se escondía de las cámaras: ella misma invitó al equipo de filmación. Su objetivo fue planteado con claridad y con una ambición muy al estilo Holmes: refutar la imagen que se tenía de ella, reescribir su propia mitología y mostrar esa «verdad» que el mundo se negaba a ver.

Una extraña alianza

Pero la pregunta principal que queda en el aire tras los créditos no se refiere a la propia Holmes. La pregunta es quién sostiene la cámara.

El dúo de directores de la cinta es la encarnación de un oxímoron cinematográfico. Nathan Fielder, genio del realismo cómico incómodo y creador de obras maestras del absurdo como «Nathan for You» y «The Rehearsal», y Lance Oppenheim, un documentalista sutil y perspicaz.

¿Por qué una persona que construyó un imperio sobre promesas falsas y jerséis de cuello alto negros necesitaría a unos creadores cuya arma es la deconstrucción del absurdo y una verdad implacable, casi fisiológica? ¿Intentaba Holmes convertir su tragedia en una comedia negra? ¿O buscaba a directores que comprendieran mejor que nadie la naturaleza de la falsedad, dado que llevan toda la vida imitándola profesionalmente?

El propio Nathan Fielder, en el coloquio post-partido en Telluride, parecía un hombre que acababa de salir de un laberinto. «Todavía no entiendo del todo qué es exactamente lo que viví durante estos tres años de trabajo en la película», — confesó, evitando mirar directamente a la sala.

Efecto de presencia

Lo que Fielder y Oppenheim han logrado finalmente es descrito con asombro por los críticos y el público de Telluride. La cinta es calificada de «impactante», «asombrosa» y «diferente a todo lo visto anteriormente». No es simplemente un biopic o una investigación acusatoria. Es una inmersión íntima, por momentos aterradora y fascinante, en la psicología de una persona que creyó en su propia mentira hasta el final, o que mintió tan bien que la mentira se convirtió en su única verdad.

La expectación en torno a la película ya ha trascendido el estrecho círculo de los cinéfilos. El tráiler de «You Can See Everything», lanzado por A24, acumuló más de 1,6 millones de visualizaciones en las primeras 24 horas. La película se estrenará en los cines el 16 de octubre y está destinada a convertirse en el principal acontecimiento cultural del otoño.

La paradoja del ojo que todo lo ve

La ironía del título «Puedes verlo todo» reside en que, tras tres horas de metraje, surgen más preguntas que respuestas. Elizabeth Holmes, tal vez, realmente quería que lo viéramos todo. Pero la paradoja de su naturaleza es que, incluso mostrando todas sus cartas, sigue jugando.

La película en Telluride terminó, las luces de la sala se encendieron, los espectadores recogieron sus teléfonos y regresaron a un mundo donde la sangre se puede analizar con una sola gota, y un imperio valorado en 9 mil millones de dólares, con un solo jersey negro de cuello alto y un barítono bajo. Pero la magia del cine, al igual que la magia de Elizabeth Holmes, reside en que, aun sabiendo que fue un engaño, seguimos sin poder apartar la mirada.

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