El 23 de junio, en la Cité Internationale Universitaire de Paris, los modelos desfilaban luciendo prendas de tonos neutros y pasteles, caracterizadas por cortes amplios y relajados en lugar de siluetas ajustadas, surgiendo de una impresionante instalación en forma de ola de ocho metros de altura y más de treinta y siete metros de ancho. Louis Vuitton, bajo la dirección creativa de Pharrell Williams, ha tomado un rumbo diametralmente opuesto al de sus competidores. Mientras que las pasarelas de Milán, y en especial la colección de Prada para la primavera-verano 2027, apostaron por formas extremadamente ceñidas, el desfile parisino de LV proclamó un firme rechazo a la sexualización de la silueta.
La colección se articula sobre la intersección de dos trayectorias: por un lado, un retorno a la estética que ha marcado al diseñador desde su juventud —con el skate y el surf como ejes de inspiración— y, por otro, una respuesta cultural al agotamiento frente al minimalismo y la sexualidad hipertrofiada de las últimas temporadas. En lugar de la logomanía y las prendas ajustadas, encontramos texturas artesanales y elementos de trajes de neopreno integrados en la sastrería clásica, junto con colores ácidos y el icónico estampado de damero que remite directamente a las tablas y los skateparks. La maestría textil compitió con el sentido de utilidad: una de las chaquetas, adornada con más de cuatrocientos parches de LV, fue sometida a un proceso de lavado intencionado para lograr un efecto de desgaste marino.
En la descripción de la colección, titulada «A Dandy Experience», se define a la ola como el «gran ecualizador», una fuerza que trasciende la cultura, la geografía o las creencias. La puesta en escena, que contó con agua real suministrada por Eau de Paris —la entidad que gestiona el sistema hídrico de la capital— y una pista de arena, reforzó esa sensación de poder natural y de pertenencia a una comunidad más que a un estatus social. Al finalizar el desfile, el agua regresó al alcantarillado parisino a través de un ciclo cerrado, un detalle que refleja el compromiso de la marca con la sostenibilidad.
Louis Vuitton propuso un corte holgado y sumamente llevable, apostando por lo que podría denominarse como confort de lujo. Se trata de un intento por devolver al armario masculino de alta gama la sensación de ligereza y libertad física. El hombre LV viste un chaleco de neopreno bajo una chaqueta de lana y camina con la seguridad de quien acaba de salir de las olas para entrar directamente a una reunión ministerial. Es precisamente esta imagen —híbrida, segura de su propia excentricidad y auténtica— la que se convierte en el código fundamental de la colección. Como el propio Pharrell afirmó: «Este tipo es un dandy que, simplemente, también ama el surf».
Aunque la tendencia hacia la estética del surf y el skate no es una novedad en el sector del lujo, en este momento coincide con un cambio cultural más profundo: el hartazgo ante la sobrecarga digital y el deseo de recuperar experiencias físicas y naturales, así como una reevaluación del concepto de lujo. Louis Vuitton anunció además una colaboración con la organización Coral Gardeners, dedicada a la restauración de arrecifes de coral en la Polinesia Francesa, comprometiéndose a plantar mil corales y rehabilitar 250 metros cuadrados de biotopo arrecifal. De este modo, la idea trasciende las fronteras del marketing.



