El 8 de octubre de 2026 se inauguró en la galería londinense Tate Britain la exposición The 90s: Art and Fashion, dedicada al arte, la fotografía y la moda británicos de los años 1990. En la muestra se presentan más de 100 obras y objetos de casi 70 artistas, fotógrafos y diseñadores. El curador del proyecto es Edward Enninful, antiguo redactor jefe de la edición británica de Vogue, quien se formó como profesional en el entorno cultural de esa década. La exposición permanecerá abierta hasta el 14 de febrero de 2027.
El proyecto devuelve la atención a un periodo en el que el arte, la moda, la fotografía, la cultura de las revistas y la escena de los clubes interactuaban entre sí cada vez con más intensidad. Su cruce transformó no solo el aspecto visual del Reino Unido, sino también las maneras en que una persona podía hablar de sí misma, de su cuerpo, de su identidad y de su lugar en la sociedad. Hoy esta historia permite ver cómo se fue formando la idea contemporánea de estilo personal y por qué el derecho a crear por cuenta propia la propia imagen se convirtió en una parte importante de la cultura visual.
Arte, moda y fotografía: un entorno cultural común
En los años 1990, los límites habituales entre las disciplinas artísticas se volvían cada vez menos rígidos. La fotografía de revista influía en el arte, la moda se convertía en un enunciado autónomo y los artistas se volcaban hacia lo cotidiano, la cultura de masas y la experiencia personal. Las ideas importantes nacían no solo en museos y galerías, sino también en las páginas de las revistas, en los estudios fotográficos, en los clubes nocturnos y en espacios experimentales.
La exposición reúne obras de los artistas Young British Artists —una generación que transformó la idea del arte británico contemporáneo— con fotografías e imágenes de moda de aquella época. Aquí se encuentran Damien Hirst, Tracey Emin, Sarah Lucas, Gillian Wearing e Yinka Shonibare, los fotógrafos Corinne Day y Juergen Teller, y los diseñadores Alexander McQueen y Vivienne Westwood.
Esta vecindad es importante en sí misma: muestra que la cultura visual se compone de la influencia mutua de distintas prácticas creativas. La ropa, la fotografía o un objeto artístico pueden no solo reflejar una época, sino también cambiar la manera en que la sociedad se percibe a sí misma.
La persona como autora de su propia imagen
Uno de los cambios más notables de la década fue el creciente interés por la experiencia individual. Los artistas se volcaban cada vez más hacia la historia personal, el cuerpo, la memoria y lo cotidiano, convirtiéndolos en material para hablar de cuestiones sociales más amplias.
Este proceso se manifestó de forma especialmente expresiva en las obras de las artistas mujeres. Tracey Emin recurría a la experiencia autobiográfica y a la vulnerabilidad, Sarah Lucas exploraba el cuerpo, la sexualidad y las representaciones culturales de la feminidad, y Jenny Saville revisaba los modos habituales de representar el cuerpo humano y los ideales de apariencia. En su práctica, la mujer era no solo protagonista de la imagen, sino también autora del enunciado, que decidía por sí misma de qué hablar y de qué manera.
Paralelamente, la fotografía también cambiaba. Las imágenes de Corinne Day y Juergen Teller se alejaban de la perfección pulida y cuidadosamente construida en favor de la inmediatez, la imperfección y el carácter individual. En tales imágenes, el valor de la persona dependía cada vez menos de su adecuación a un único estándar visual.
Esto no significaba que las normas anteriores hubieran desaparecido. Más bien, junto a ellas aparecían más maneras de mostrarse y de ver al otro. La propia imagen se transformaba poco a poco de un modelo prefijado que debía repetirse en un espacio de elección personal.
La belleza se vuelve más amplia
El cambio del lenguaje artístico influyó también en la idea de belleza. En el centro de atención ya no estaban solo la armonía y la perfección, sino también la expresividad, el carácter, la corporalidad, la individualidad. Los artistas y fotógrafos exploraban aquello que antes podía parecer demasiado personal, inusual o incómodo para la mirada pública.
En la imagen femenina este cambio era especialmente visible. El cuerpo dejaba de ser exclusivamente un objeto de evaluación y se convertía en una manera de hablar de la propia experiencia, la libertad y la identidad. La feminidad resultaba cada vez más difícil de reducir a un solo ideal: podía expresarse a través de la fuerza o la vulnerabilidad, la audacia o la contención, la experimentación con la ropa o el rechazo de las reglas habituales.
Esta tendencia no pertenecía solo a las mujeres ni surgió en una sola década. Sin embargo, el arte de los años 1990 hizo especialmente visibles muchas búsquedas de este tipo, ampliando el círculo de imágenes y temas que podían ocupar un lugar central en la cultura visual.
Un lenguaje visual propio
La moda y la fotografía se convirtieron en instrumentos importantes de autoexpresión. La ropa podía comunicar la pertenencia a un determinado entorno o, por el contrario, ayudar a distanciarse de él. La imagen fijaba no solo la apariencia, sino también el estado de ánimo, la posición, la actitud de la persona hacia el mundo que la rodeaba.
En este entorno, la imagen dejaba de ser exclusivamente algo que crean otros. La persona obtenía más posibilidades de participar en cómo la ven y en cómo se presenta a sí misma. Esto era especialmente significativo para las mujeres y los representantes de distintas comunidades culturales, cuyas historias e identidad no siempre encontraban reflejo en las imágenes dominantes de la cultura británica.
Un lenguaje visual propio no es simplemente un estilo reconocible. Es una manera de elegir qué mostrar exactamente al mundo, qué historias contar y qué representaciones de uno mismo revisar. El arte, la fotografía y la moda ofrecían distintos medios para esa conversación, y su interacción la hacía más rica.
Por qué los años 1990 son importantes hoy
Volver a esta década no es solo un motivo para recordar fotografías emblemáticas, colecciones de diseño y obras artísticas. Ayuda a rastrear cómo se fueron formando muchas ideas habituales hoy: sobre el estilo personal, la diversidad de identidades, la conexión del arte con la vida cotidiana y la posibilidad de hablar en nombre propio.
Al mismo tiempo, los años 1990 no fueron una época en la que todas las fronteras desaparecieron o en la que cada uno recibió iguales posibilidades de autoexpresión. Los experimentos artísticos coexistían con las contradicciones sociales, y las nuevas imágenes no anulaban los viejos estereotipos. Pero precisamente la ampliación de las posibilidades de expresión creativa se convirtió en uno de los legados importantes de la década.
Al unir arte, fotografía y moda, The 90s: Art and Fashion la exposición propone ver los cambios culturales no como tendencias separadas, sino como partes de un proceso común. En él, la experiencia personal se convertía en material del arte, la ropa en una manera de enunciación y la fotografía en un espacio para nuevas miradas sobre la persona.
En última instancia, se trata de cómo cambia nuestra percepción, no solo del arte, sino de nosotros mismos. Cuando aparecen más maneras de ser visto, hay más posibilidades de ver al otro. Y precisamente en esto radica la actualidad de las búsquedas artísticas de los años 1990: recuerdan que la belleza no tiene por qué encajar en un único estándar, y que la propia imagen puede no estar dada desde fuera, sino creada conscientemente.



