Yayoi Kusama: la artista que se disolvió en el universo

Autor: Tatyana Hurynovich

Breve biografía

Yayoi Kusama (1929–2026) es una legendaria artista japonesa de vanguardia, nacida el 22 de marzo de 1929 en la ciudad de Matsumoto. Desde la infancia sufrió alucinaciones: ante sus ojos aparecían campos de puntos que cubrían todo el espacio —paredes, suelo, su propio cuerpo. Una infancia traumática (presenció las infidelidades de su padre, y su madre se oponía a sus aspiraciones artísticas) conformó una particular visión del mundo y ese mismo lenguaje visual que la hizo famosa.

En los años 1950, Kusama se mudó a Nueva York, donde creó sus famosas «Redes infinitas» (Infinity Nets), lienzos hipnóticos cubiertos de bucles y puntos repetidos. En 1973 regresó a Japón, y en 1977 se instaló voluntariamente en una clínica psiquiátrica en Tokio, donde vivió hasta el final de sus días, padeciendo una neurosis obsesivo-compulsiva. Decía: «Lucho contra el dolor, la ansiedad y el miedo cada día, y lo único que ayuda es crear arte».

Filosofía de los puntos: disolución del ego

A través de sus infinitos puntos y patrones repetidos, Kusama transmitía la sensación de disolución del propio «yo» en la infinitud del universo. Lo llamaba «self-obliteration» (autoobliteración, o autodestrucción), un concepto que significa la pérdida de límites entre uno mismo y el mundo mediante la repetición obsesiva de un mismo motivo.

«Con un solo punto no se logra nada. En el universo hay sol, luna, tierra y cientos de millones de estrellas... Cubriéndolo todo con puntos, simbólicamente disperso mi identidad», explicaba la artista.

Sus famosas salas de espejos infinitos (Infinity Mirror Rooms) sumergían al espectador en un espacio donde los límites entre el cuerpo y el universo se desvanecían, creando la sensación de pertenecer a algo infinitamente más grande.

Detalles interesantes

  • Las calabazas son otro motivo icónico. Para Kusama simbolizaban estabilidad, comodidad y modestia, recordándole su infancia en Matsumoto. Su calabaza amarilla en la isla de Naoshima se ha convertido en un símbolo de toda la isla.
  • La artista no salía voluntariamente de la clínica, pero cada mañana cruzaba la calle hacia su estudio para trabajar.
  • En la serie «My Eternal Soul» (desde 2009) creó más de 800 lienzos, explorando su universo psíquico.
  • Las calabazas a menudo se convirtieron en sus autorretratos: la artista veía en ellas el reflejo de su propia naturaleza «torpe pero cálida».

¿Cómo llegaron sus cuadros a valer millones?

El camino de Kusama hacia los millones no fue instantáneo. En los años 1970, tras regresar a Japón y establecerse en la clínica, fue prácticamente olvidada por el mundo del arte occidental. La consideraban una figura marginal o simplemente una «artista con trastorno mental».

El punto de inflexión llegó en los años 1980–1990 por dos razones:

1. Revalorización de la historia del arte. Las historiadoras del arte feministas y los curadores comenzaron a reexaminar la vanguardia de Nueva York de los años 1960. Resultó que Kusama había inventado muchas técnicas del minimalismo, el pop art y la performance antesque los célebres hombres como Andy Warhol o Claes Oldenburg (aunque a menudo se enfrentó a que sus ideas fueran apropiadas).

2. La Bienal de Venecia (1993). Japón le confió representar al país en la principal muestra del arte mundial. Su instalación con miles de calabazas causó sensación, y se empezó a hablar de ella como de una clásica viva.

Un papel clave en la transformación de Kusama en un gigante financiero lo desempeñaron dos galerías: la japonesa Ota Fine Arts (que trabaja con ella desde hace décadas) y la neoyorquina David Zwirner (una de las galerías de arte contemporáneo más influyentes del mundo), que comenzó a representarla en los años 2010.

¿Por qué las galerías apostaron por ella:

  • Combinación única: poseía un valor histórico indiscutible para los museos y, al mismo tiempo, un atractivo visual increíble para el gran público.
  • El fenómeno del «arte Instagrameable»: sus «Salas de espejos infinitos» se convirtieron en el producto perfecto para la era de las redes sociales. Las colas para las entradas de sus exposiciones se extendían durante manzanas (por ejemplo, en el Hirshhorn Museum de Washington o en la Tate Modern de Londres). Esto generó una enorme expectación y un efecto de oportunidad perdida.
  • Colaboraciones con el lujo: en los años 2012 y 2023, sus famosos lunares adornaron las colecciones de Louis Vuitton. Esto elevó su nombre al estatus de marca global de la cultura pop, lo que se reflejó de inmediato en los precios de las galerías y las subastas.

Los coleccionistas y los fondos de inversión comenzaron a comprar sus obras como «blue chips»: activos seguros. Comprar un cuadro de Kusama se convirtió en la garantía de que esa pieza no perdería valor, sino que solo aumentaría.

Récords de ventas

El gran avance en las subastas se produjo en los años 2010:

  • White No. 28 (1960) de la serie Infinity Nets se vendió por $7,1 millones en el año 2014, convirtiendo a Kusama en la artista viva más cara del momento.
  • Interminable Net #4 (1959) — alrededor de $7,1 millones.
  • No. Red B (1960) — $7 millones.
  • Algunas obras alcanzaron $10+ millones (por ejemplo, Untitled (Nets), 1959).

En total, se vendieron obras en subastas por un valor superior a $900 millones , un récord para una mujer artista.

Dónde se encuentran las obras

Las pinturas e instalaciones de Kusama se conservan en los principales museos del mundo:

  • MoMA (Nueva York)
  • Hirshhorn Museum (Washington) — posee la mayor colección de Infinity Mirror Rooms
  • Museo Guggenheim
  • Tate Modern (Londres)
  • Yayoi Kusama Museum (Tokio, abierto en 2017) — alberga la colección principal
  • Matsumoto City Museum of Art (ciudad natal de la artista)

Tras su muerte

Yayoi Kusama falleció el 14 de agosto de 2026 en un hospital de Tokio a la edad de 97 años.

En el mercado del arte, la muerte de un artista siempre es un detonante, ya que el número de obras se vuelve estrictamente finito. Sin embargo, en el caso de Kusama, el mercado estaba preparado de antemano. Sus obras ya batían récords en vida. Tras su muerte, los precios no tanto «despegaron» desde cero, sino que se afianzaron en un nivel altísimo. La demanda de sus obras tempranas (de los años 1950–1960) y de sus icónicas esculturas de calabazas no hizo más que intensificarse, ya que los coleccionistas buscan hacerse con una parte de un legado cerrado.

Fortuna y legado

Las cifras exactas de las finanzas personales de Kusama son información privada, pero durante muchos años los analistas de arte la han reconocido como la artista viva más cara y exitosa del mundo. Teniendo en cuenta las ventas a través de galerías, los derechos de reproducción y las colaboraciones, los expertos estimaban su fortuna personal en cientos de millones de dólares.

Yayoi Kusama nunca se casó ni tuvo hijos. Ya en vida, en 2017, fundó la Fundación Yayoi Kusama y abrió con fondos propios el Museo Yayoi Kusama en el distrito de Shinjuku (Tokio).

Toda su fortuna, incluyendo:

  • los derechos de propiedad intelectual y los derechos de autor,
  • archivos y bocetos,
  • una parte significativa de las obras no vendidas,

fue legada a esta Fundación. La Fundación gestiona su legado, organiza exposiciones en todo el mundo y, lo que es muy importante para la propia artista, destina parte de los fondos al apoyo de ese mismo hospital psiquiátrico en Tokio, en el que Kusama vivió y trabajó durante los últimos cincuenta años. Así, su arte continúa literalmente «curando» y sosteniendo ese espacio que la salvó a ella misma.

Su legado no son solo precios récord, sino también una contribución revolucionaria a la comprensión de la conexión entre la salud mental, el arte y la conciencia cósmica. Yayoi Kusama realmente se disolvió en el universo que creó durante toda su vida: punto a punto.

 

 

 

 

 

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