El 12 de septiembre de 2026 apareció un pasajero inesperado en el tren de ScotRail de Gourock a Glasgow Central: un murciélago.
Sin billete.
Sin reserva.
Y, al parecer, sin la menor intención de explicar en qué estación piensa bajarse.
Al principio, los pasajeros se limitaron a observar cómo la nueva compañera de viaje revoloteaba por encima de sus cabezas, y luego se sumó a la tarea un empleado del ferrocarril.
Y aquí es donde la historia se vuelve especialmente escocesa. De la manera más escocesa posible, el revisor intentó echar a la polizona:
agitando una bandera escocesa con la cruz de San Andrés.
Es decir, en algún momento existió un plan de actuación perfectamente normal.
Pero al final se impuso el plan:
«Vamos a agitar símbolos nacionales y a esperar lo mejor».
Uno puede imaginarse la escena:
— El billete, por favor.
El murciélago:
fiu-fiu-fiu
— Entendido. Entonces pasamos a la bandera.
Pero tampoco la bandera resolvió la situación. El revisor agitó su sombrero hacia las puertas abiertas. El murciélago captó la indirecta y salió volando por su cuenta hacia la libertad. El conductor incluso felicitó a todos por megafonía.

Muy solución británica (y especialmente escocesa) al problema: sin pánico, con bandera, sombrero y sentido del humor.
Ninguna trampa.
Ninguna persecución por el vagón.
Simplemente:
el tren llegó, las puertas se abrieron, la polizona se bajó.
Una historia muy británica.
Lo esencial es mantener la calma, no alzar la voz y, si hace falta, echar mano de la bandera, el sombrero y la cortesía colectiva.
Y sí, en algún momento el revisor debió de pensar:
«Bueno, al menos no tuve que poner una multa». 😄



