A mediados de la década de 1970, en el sistema bancario de Bangladesh regía una norma tácita, pero inquebrantable: no conceder préstamos a los pobres. Los financieros creían que esas personas no tenían bienes que ofrecer como garantía, ni ingresos estables, ni posibilidades de devolver el dinero. Desde el punto de vista de la economía clásica, aquello era impecablemente lógico: los riesgos eran altísimos y los beneficios, insignificantes. Pero el economista Muhammad Yunus decidió que esa lógica era errónea. Su experimento no solo rompió estereotipos, sino que también regaló al mundo una nueva filosofía financiera.
El fracaso de las «bellas teorías» y la hambruna del año 1974
En el año 1974, Bangladesh sufrió una hambruna catastrófica. Muhammad Yunus, que enseñaba economía en la Universidad de Chittagong, observaba con amargura cómo las «bellas teorías» que exponía a sus alumnos en las aulas se estrellaban por completo contra la dura realidad. Al comprender que los libros de texto no libraban a la gente de la pobreza, Yunus empezó a visitar la cercana aldea de Jobra y a conversar con sus habitantes.
Allí conoció a una mujer que trenzaba taburetes de bambú. Para comprar la materia prima, tenía que pedir dinero prestado a un comerciante local que también era prestamista. Este le daba unas monedas, pero le imponía una condición draconiana: debía venderle únicamente a él los taburetes terminados, a un precio fijado de antemano y abusivamente bajo. Después de saldar la deuda con el comerciante, a la mujer apenas le quedaba nada: seguía sumida en la misma pobreza que antes del préstamo.
Yunus decidió averiguar cuánto dinero necesitaba realmente la gente para poder trabajar sin intermediarios parasitarios. Hizo una lista de 42 habitantes de la aldea atrapados en esa espiral de deudas y calculó cuánto necesitaban. Resultó que, entre todos, solo les faltaba 27 takas (la moneda de Bangladesh): en aquella época equivalían a 27 dólares estadounidenses.
El primer experimento y la negativa de los bancos
El economista sacó el dinero de su propio bolsillo y simplemente se lo prestó a aquellas personas. Sin garantías, sin avalistas y sin contratos jurídicos complicados. Contra los pronósticos pesimistas de los banqueros, prácticamente todos los habitantes de la aldea devolvieron el dinero a tiempo.
Animado por el éxito, Yunus acudió a los bancos tradicionales. Les propuso empezar a conceder pequeños préstamos a personas de bajos ingresos, pero en todas partes recibió la misma negativa: «Va contra las normas».
Entonces Yunus tomó otro camino. Al principio avalaba personalmente esos préstamos ante los bancos y, después, en el año 1983, fundó su propia institución: Grameen Bank («Banco Rural»), especializada exclusivamente en microcréditos.
La revolución de la confianza: tres reglas de Grameen Bank
El banco de Yunus se construyó sobre unas reglas que dieron un vuelco a la concepción tradicional del crédito. El modelo se sostenía en tres principios fundamentales:
1. Renunciar a las garantías en favor de la confianza En lugar de apartamentos, automóviles o propiedades, la principal «garantía» del crédito pasó a ser la confianza y la dignidad humana. Yunus estaba convencido de que la pobreza no vuelve a una persona poco fiable. El banco concedía sumas microscópicas: exactamente lo necesario para poner en marcha un negocio sencillo, como una máquina de coser, la compra de una vaca, un saco de semillas o bambú. Un préstamo pequeño era psicológica y físicamente más fácil de devolver, lo que permitía a la persona salir poco a poco de la pobreza sin el riesgo de caer en un nuevo pozo de deudas.
2. Solidaridad grupal Grameen Bank agrupaba a los prestatarios en pequeños grupos de cinco personas. Cada uno recibía el dinero individualmente y respondía únicamente por su propia deuda (nadie estaba obligado a pagar por el vecino). Sin embargo, el acceso a nuevos créditos para todo el grupo solo se abría si los préstamos anteriores se devolvían a tiempo. Esto creó un entorno único: las personas empezaban a ayudarse mutuamente a llevar sus negocios, a darse consejos y a velar por que nadie incumpliera los pagos.
3. Apuesta por las mujeres Según las observaciones de Yunus, eran precisamente las mujeres quienes, al obtener acceso al dinero, solían invertirlo en la familia, la salud, la educación de los hijos y el desarrollo de la economía doméstica, en lugar de gastarlo en caprichos momentáneos. Con el tiempo, alrededor del 97% de los clientes de Grameen Bank eran mujeres. El banco se convirtió de hecho en un instrumento de emancipación femenina en una sociedad patriarcal.
El triunfo y el Premio Nobel
Muchos financieros conservadores auguraban que un modelo así quebraría rápidamente. La realidad fue distinta. Al obtener acceso a capital inicial, las personas empezaban a ganar más y saldaban sus deudas puntualmente.
El nivel de devolución de fondos en Grameen Bank superaba de forma estable el 95% (en algunos años llegó a superar el 97%), lo que era superior al de muchos bancos tradicionales de élite.
En 2006 Muhammad Yunus y Grameen Bank fueron galardonados con el Premio Nobel de la Paz. El Comité Nobel destacó especialmente: «El acceso a las finanzas, incluso a microescala, ayuda a las personas a salir de la pobreza por sí mismas y contribuye al desarrollo pacífico de la sociedad». Yunus demostró que el crédito no es solo un negocio, sino también un derecho humano básico.
De 27 dólares a 40 mil millones
Si a mediados de los años 1970 la revolución comenzó con 27 dólares prestados a 42 habitantes de una misma aldea, hoy la escala de Grameen Bank asombra. La institución ha concedido microcréditos por un total de más de 40 mil millones de dólares, cambiando la vida de millones de familias.
El propio Muhammad Yunus se convirtió en pionero del concepto de «negocio social». Prácticamente no obtuvo beneficio económico personal de su creación: destinaba todos los beneficios del banco de vuelta al sistema, al desarrollo de infraestructuras y a la concesión de nuevos créditos.
Yunus cambió la economía para siempre al demostrar una verdad sencilla pero genial: los pobres no son un problema que hay que resolver. Son la solución a la que solo hay que darle una oportunidad.

