En un mundo donde la degradación de la tierra cuesta a la economía miles de millones de dólares en ganancias perdidas cada año, jóvenes emprendedores de Ecuador, Senegal y Bangladés demuestran lo contrario: la restauración de suelos puede generar ingresos y crear empleo hoy mismo.
En Senegal, Fero Daniel Halman lanzó la empresa Féro, que combina invernaderos de alta productividad con agrosilvicultura. Los agricultores obtienen rápidamente ingresos por la venta de cebollas y otros cultivos, y las parcelas liberadas se plantan con árboles. Este modelo permite reducir la superficie de cultivo y, al mismo tiempo, devolver la fertilidad a la tierra sin esperar largos períodos de retorno del bosque.
En Ecuador, Carlos Alfredo González Vargas fundó Pacchar, que convierte residuos agrícolas y forestales en biocarbón. Esta sustancia retiene la humedad y los nutrientes en el suelo, reduce la necesidad de fertilizantes y almacena carbono durante décadas. La empresa ya trabaja con más de cien comunidades agrícolas y ha restaurado más de quinientas hectáreas, mostrando un aumento en el rendimiento de los cultivos y un ahorro de recursos.
En Bangladés, Mashrur H. Shurid desarrolla la plataforma Aunkur basada en inteligencia artificial. El sistema recopila datos sobre el suelo, el clima y las explotaciones agrícolas, ofrece recomendaciones precisas sobre siembra y aplicación de fertilizantes, y luego ayuda a los agricultores a acceder a créditos y mercados de venta. Hoy, el servicio cubre más de treinta y tres mil explotaciones y demuestra que los datos precisos se convierten en dinero real para los pequeños productores.
Los tres proyectos forman parte del programa YECO del Centro de Comercio Internacional y de la Iniciativa Global de Tierras del G20, con el apoyo de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación. Los participantes reciben mentoría en modelos de negocio, protección de la propiedad intelectual y captación de inversiones, convirtiendo las soluciones ambientales en empresas sostenibles.
La clave del éxito es combinar un rápido retorno económico con la restauración a largo plazo. Cuando el agricultor ve un beneficio real ya en la primera temporada, está dispuesto a invertir en la conservación de la tierra, y los inversores obtienen pruebas de que los proyectos 'verdes' generan ganancias, no solo gastos.
La restauración de tierras degradadas deja de ser caridad y se convierte en un mercado donde los jóvenes emprendedores ganan dinero creando empleo y devolviendo la fertilidad a los suelos.
