Un estudio realizado con 101 participantes arrojó un resultado inesperado: cuando los sujetos se concentraban en una tarea visual con figuras en pantalla, percibían con menor frecuencia las palabras negativas que las neutras. Los términos se transmitían a través de auriculares mediante un flujo de pseudopalabras sin sentido, entre las cuales se intercalaban ocasionalmente palabras reales en hebreo. La investigación, publicada en la revista Psychological Science y dirigida por Gal Chen en la Universidad Hebrea de Jerusalén, sugiere que la selección de información para el acceso consciente ocurre antes de lo que se pensaba habitualmente.
Este hallazgo pone en duda una premisa fundamental de las teorías de la consciencia: la idea de que la relevancia emocional facilita la entrada de un estímulo en el espacio de trabajo global. Según la Teoría del Espacio de Trabajo Global (desarrollada por Bernard Baars y ampliada por Stanislas Dehaene), la «ignición» debería producirse con mayor rapidez ante señales con carga emocional. No obstante, en esta investigación, las palabras negativas fueron ignoradas sistemáticamente, incluso cuando se redujo la carga cognitiva.
La metodología consistió en varios experimentos con diversos conjuntos de palabras y distintos niveles de dificultad en la tarea visual; el efecto persistió tanto en tareas complejas como sencillas. Los autores señalan ciertas limitaciones: se emplearon únicamente palabras aisladas en lugar de un discurso coherente, y no se evaluaron estímulos positivos o tabúes. Sin embargo, los datos apuntan a una filtración inconsciente activa, más que a una simple ausencia pasiva de procesamiento.
Imaginemos a un portero a la entrada de una discoteca que, sin consultar al cliente, rechaza a quienes podrían causar un altercado incluso antes de que lleguen a la puerta. Al parecer, el sistema cognitivo funciona de manera similar: evalúa el «coste» potencial del contenido negativo y prefiere no asumirlo, manteniendo dicha información por debajo del umbral de la consciencia.
El descubrimiento afecta no solo al acceso a la consciencia, sino también a cuestiones clínicas. Si este mecanismo de defensa opera con normalidad en personas sanas, es posible que falle en casos de trastornos de ansiedad o TEPT, permitiendo el paso de aquello que habitualmente se filtraría. Esto abre la puerta a investigaciones donde la selección inconsciente se convierta en el objetivo de la intervención terapéutica.
En un sentido más amplio, el experimento nos recuerda que la consciencia no es un mero subproducto del procesamiento, sino el resultado de una selección activa y sesgada. Aquello de lo que finalmente nos percatamos ya ha atravesado un filtro cuyos criterios apenas empezamos a comprender.



