Un equipo internacional de investigadores dirigido por la Universidad de Osaka, en Japón, ha desarrollado un método eléctrico compacto para detectar indicios de vida más allá de la Tierra. Se centra en la quiralidad de los aminoácidos, es decir, en sus formas «espejo» L y D.
Los enfoques tradicionales, como la cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas, requieren equipos voluminosos y muestras grandes. El nuevo dispositivo utiliza un espacio microscópico entre dos nanohilos de oro sobre un chip.
Cuando una disolución con aminoácidos entra en el espacio, se genera una corriente de túnel, un efecto cuántico por el que los electrones «se filtran» a través del intervalo. Los cambios en la corriente permiten distinguir las formas de las moléculas.
El aprendizaje automático ayuda a identificar las formas L y D con una precisión superior al 80 por ciento. Es el primer caso de discriminación de la quiralidad de aminoácidos a nivel de una sola molécula.
El método ya se ha probado con muestras del desierto de Atacama, en Chile, y del meteorito Murchison, en Australia. Los resultados resultaron comparables a los de los análisis tradicionales, pero requieren menos preparación y menos moléculas.
El dispositivo es compacto y podría ser adecuado para instalarse en sondas y rovers. Los investigadores señalan que es capaz de trabajar con muestras químicamente complejas, incluidas las relacionadas con la astrobiología.
El trabajo se ha publicado en Nature Communications. «Estos resultados sientan las bases para futuras aplicaciones en investigaciones relacionadas con la búsqueda de vida», escriben los autores.
Pero, ¿podrá el sensor hacer frente a moléculas que aún no ha encontrado? Las siguientes etapas del desarrollo mostrarán hasta qué punto el enfoque resulta universal.
Por ahora, la tecnología está lista para nuevas pruebas tanto en la Tierra como en el espacio. Si algún día se logra detectar vida en otro planeta, un chip como este podría desempeñar un papel clave en ese descubrimiento.


