El 4 de abril de 2026, el parlamento de Camerún, en una sesión conjunta de la Asamblea Nacional y el Senado, aprobó una enmienda constitucional que restablece el cargo de vicepresidente, por primera vez desde 1972. La votación se saldó con 200 votos a favor, 18 en contra y 4 abstenciones. La oposición boicoteó la sesión y calificó la reforma como un fortalecimiento del poder personal del presidente. Biya, que tiene 93 años y gobierna el país desde 1982, ahora podrá nombrar y destituir personalmente al vicepresidente. En caso de vacante en la presidencia, el vicepresidente ocupará automáticamente el cargo hasta el final del mandato de siete años, sin necesidad de elecciones inmediatas.
El puesto de vicepresidente existió en los primeros años de independencia, pero fue abolido en los años 1972–1984 durante reformas constitucionales anteriores. Ahora regresa con un mecanismo claro: el vicepresidente solo recibe las facultades que le delegue el jefe de Estado. El gobierno explica la medida como una necesidad para garantizar la «continuidad del Estado» ante la edad del líder. La oposición ve en esto una herramienta clásica de control sobre el futuro.
Por qué es importante para Camerún y la región
Camerún es uno de los países clave de África Central: petróleo, cacao, un papel importante en la economía de la CEMAC y en la lucha contra el terrorismo en la cuenca del lago Chad. El largo mandato de Biya (más de 43 años) ha planteado desde hace mucho tiempo interrogantes sobre la sucesión. Anteriormente, en caso de una vacante repentina, el poder habría pasado al presidente del Senado. El nuevo esquema da prioridad a una persona elegida por el propio presidente.
No es la primera vez que los líderes longevos en el poder en África crean mecanismos de transición suave. Pero aquí el énfasis está precisamente en la lealtad y el control: el vicepresidente depende totalmente de la voluntad de Biya y no es elegido por el pueblo. Estos cambios rara vez son puramente técnicos; suelen marcar la trayectoria para los años venideros.
Entre los rumores que circulan se encuentra el posible nombramiento del hijo del presidente, Franck Emmanuel Biya, para el cargo. Aunque todavía no existe un decreto oficial con el nombre (algunos informes sobre el «nombramiento del hijo» se basan en documentos no confirmados), el hecho mismo de preparar tal mecanismo ya está cambiando el panorama político. Si Biya realmente elige a un pariente cercano o a un aliado de confianza, esto reforzará la sensación de un enfoque dinástico.
Qué sigue
Se espera que Biya firme la ley en los próximos días. Luego seguirá el nombramiento de una persona específica. Esto será la primera prueba real de la nueva estructura. Si el vicepresidente recibe facultades notables (por ejemplo, en economía o seguridad), será una señal de una transferencia gradual del mando. Si el cargo sigue siendo puramente formal, la reforma consolidará el statu quo con riesgos mínimos para la élite actual.
Para Camerún, tal medida podría reducir la incertidumbre y las especulaciones sobre la salud del presidente, lo cual es importante para los inversores y los vecinos. Pero también plantea la pregunta: ¿qué tan sostenible resultará ser un sistema construido en torno a una sola persona, incluso con un vicepresidente «de reserva»?
¿Y cómo evalúa usted estos mecanismos de sucesión en países con un largo mandato de un solo líder? ¿Ayudan realmente a evitar el caos o, por el contrario, frenan la renovación natural de las élites y las instituciones? A largo plazo, ¿esto fortalecerá la estabilidad de África Central o creará nuevos riesgos de concentración de poder?
El artículo se basa en los hechos hasta la tarde del 6 de abril de 2026. La situación evoluciona rápidamente; el próximo evento clave es el nombramiento oficial del vicepresidente.



