En Chennai, en la pista que es el hogar del tenis indio, Maaya Rajeshwaran Revathi, de 17 años, logró lo que ninguna tenista india había conseguido en casi una década y media. Se clasificó para los cuartos de final del torneo WTA 250 tras vencer en dos sets a la polaca clasificada Veronika Falkowska. No es solo una victoria: es una señal de que la larga sequía en el cuadro individual femenino por fin llega a su fin.
La última vez que una tenista india alcanzó los cuartos de final del circuito WTA fue en 2012, cuando lo logró Sania Mirza en el torneo de Pattaya. Desde entonces, el tenis femenino indio atravesó un período difícil: falta de infraestructura, oportunidades limitadas para las jugadoras jóvenes y el dominio del cuadro de dobles. Maaya, que ocupa el puesto 669 del ranking, entró en el cuadro principal por wild card y ya en la primera ronda sorprendió al derrotar a la octava cabeza de serie, Katarzyna Kawa.
La victoria sobre Falkowska fue la continuación lógica. Maaya mostró carácter: en el primer set remontó una desventaja de 2:4, y en el segundo llevó con seguridad el asunto hasta la victoria en su tercer punto de partido. Su estilo —un juego agresivo con variedad de golpes— ya la distingue entre sus coetáneas. Por delante está el partido contra la estadounidense Robin Montgomery, y será la siguiente prueba seria.
Detrás de este éxito no solo hay talento, sino también cambios sistémicos. En los últimos años ha crecido en India el número de academias y torneos de nivel inferior, y las jugadoras jóvenes reciben más oportunidades en la escena internacional. Maaya ya ha ganado su primer título en un W35 y ha batido el récord de Mirza como la ganadora india más joven de un torneo de ese tipo. Su camino demuestra que incluso con un ranking modesto se puede desafiar a rivales más experimentadas.
Sin embargo, aún queda mucho trabajo por delante. El tenis indio no solo necesita talentos individuales, sino también un sistema de formación estable, apoyo de patrocinadores y atención al aspecto mental del juego. Unos cuartos de final no lo cambiarán todo de la noche a la mañana, pero dan la esperanza de que la próxima generación ya no tenga que esperar 14 años.
Para el deporte indio, este es un momento en el que un torneo en casa se convierte en punto de partida. Maaya no solo alcanzó los cuartos de final: recordó que en un país con mil millones de habitantes el tenis puede volver a ser una fuente de orgullo nacional.


