La Semana de la Alta Costura de París para la temporada Otoño/Invierno 2026-2027 ha dado comienzo con el desfile de Schiaparelli en el histórico Hôtel de Croÿ d'Havré. El director creativo Daniel Roseberry presentó la colección «The Abyss» («El Abismo»), la cual profundiza en el diálogo constante entre el legado de Elsa Schiaparelli y la visión contemporánea.
Fundada en 1927, la casa Schiaparelli nació como un espacio de confluencia entre la moda y el arte. El estrecho vínculo de Elsa con figuras como Salvador Dalí, Jean Cocteau y Meret Oppenheim convirtió su taller en el epicentro del movimiento surrealista.
Roseberry, quien tomó las riendas de la firma en 2019, mantiene hoy vigente este rumbo artístico. Su propuesta no se basa en la nostalgia, sino en una reinterpretación: las joyas anatómicas doradas, las siluetas escultóricas y las proporciones inesperadas rinden homenaje a la estética de Elsa, pero se expresan en el lenguaje propio del año 2026.
El nombre de la colección, «The Abyss», alude simultáneamente a diversos temas: las profundidades oceánicas, los abismos freudianos del subconsciente y el dibujo homónimo de Leonardo da Vinci que tanto fascinaba a Elsa Schiaparelli. Roseberry ha transformado esta metáfora en un código visual: vestidos de siluetas marinas con bajos asimétricos que evocan la espuma del mar y corsés que emulan conchas de moluscos.
La paleta cromática desciende a las profundidades, desde el blanco alabastro y el nácar hasta un índigo tan oscuro como una fosa marina, salpicado por acentos en color coral oxidado. El desfile exhibió bordados que imitan escamas y arrecifes, tejidos con efecto de seda mojada y terciopelos que recuerdan la espuma marina.
Los detalles en oro, sello distintivo de la casa, cobran vida en forma de estrellas de mar, caracolas y algas abstractas. Los hombros esculpidos, exagerados hasta lo grotesco, parecen olas congeladas en pleno movimiento. La propuesta de joyería incluye pendientes de medusa, collares de nácar con perlas negras y brazaletes inspirados en erizos de mar.
¿Cuál es el papel de la alta costura cuando el mercado de masas dicta las tendencias y los algoritmos determinan qué visten millones de personas? La respuesta de Schiaparelli es, como de costumbre, simple y radical: la alta costura no se trata de prendas, sino de ideas. Es ese espacio donde uno puede permitirse el lujo de ser inútil, absurdo y provocador. Es el laboratorio donde se gestan las imágenes que, más tarde, se filtrarán hacia la moda de consumo masivo.
El desfile se celebra en un momento en que el mercado de lujo atraviesa dificultades, con gigantes como LVMH reportando una caída en las ventas. No obstante, es precisamente ahora cuando la alta costura sirve de recordatorio de que la moda no es solo un negocio, sino también una expresión artística.
Al inaugurar la semana, Schiaparelli marca el pulso de todo el evento. Tras Roseberry, presentarán sus colecciones firmas como Chanel, Dior, Givenchy y Valentino. Cada una buscará su propia respuesta a lo que significa ser relevante en 2026, pero Schiaparelli subraya que, en ocasiones, la relevancia reside en dar un paso fuera de la realidad.
La colección «The Abyss» es una invitación a sumergirse en los abismos del surrealismo, donde la moda deja de ser ropa para transformarse en una experiencia vital. Es una propuesta para perderse en el abismo y, finalmente, encontrarse a uno mismo allí.

