Mármol y código: cómo los robots y la IA reescriben siglos de tradición de los escultores de Carrara

Autor: Tatyana Hurynovich

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Durante siglos, el mármol de Carrara ha sido sinónimo de arte elevado. De estas moles blancas como la nieve esculpió Miguel Ángel su «David», y generaciones de maestros perfeccionaron su oficio transmitiéndose de mano en mano los secretos del trabajo con la piedra. Sin embargo, hoy en las famosas canteras y talleres de Carrara no solo resuena el tintineo de los cinceles tradicionales, sino también el zumbido de los servomotores. Los manipuladores robóticos, controlados por algoritmos de inteligencia artificial, asumen la creación de esculturas complejas, obligando a la sociedad a plantearse de nuevo la eterna pregunta: ¿dónde termina el oficio y dónde empieza el arte?

Un avance tecnológico: de la idea digital a la piedra

Las pioneras de esta transformación son empresas tecnológicas italianas LITIX y ROBOTOR. Su desarrollo permite convertir un modelo digital en 3D o un boceto en comandos precisos para robots industriales.

El proceso es el siguiente: la imagen digital se convierte en un archivo tridimensional, tras lo cual un software especializado calcula las trayectorias óptimas de movimiento de la fresa. El robot realiza hasta el 99% de todo el tallado en bruto y de acabado, y después entran en acción las manos humanas. Los maestros llevan la escultura a la perfección, añadiendo esos matices que insuflan «vida» a la piedra.

«Nuestro objetivo es que una persona pueda plasmar su idea en mármol, incluso si no tiene años de experiencia en el trabajo con la piedra», señala Giacomo Massari, fundador y director general de LITIX y ROBOTOR. En su opinión, la tecnología no destruye la profesión, sino que la hace evolucionar, volviendo la escultura en mármol más accesible y liberando a los artesanos del duro trabajo físico para que se dediquen a los detalles finales, verdaderamente creativos.

La rebelión de la tradición: los temores de los maestros

Las innovaciones han provocado una reacción ambivalente entre los escultores tradicionales de Carrara. Para muchos de ellos, el mármol no es solo un material, sino un interlocutor en el diálogo, que exige una comprensión intuitiva de su textura, sus vetas y su resistencia.

Los críticos de la tecnología temen que ceder la mayor parte del trabajo a las máquinas devalúe años de aprendizaje y una maestría forjada a lo largo de siglos. Existe el riesgo de que el mercado se inunde de piezas estandarizadas y «sin alma», y de que el oficio de escultor cantero se vuelva arcaico. La disputa trasciende la simple lucha por los puestos de trabajo: toca la esencia misma del acto creativo. Si una máquina puede programarse para crear una obra maestra, ¿qué convierte entonces una obra en arte?

La «escultura algorítmica»: una nueva mirada a la autoría

Algunos artistas ya han encontrado la manera de integrar armoniosamente la tecnología en su práctica sin renunciar a la libertad creativa. Un ejemplo claro es el artista italiano Davide Quayola, que trabaja en el género de la llamada «escultura algorítmica».

Quayola no considera al robot un autor autónomo ni un competidor. En cambio, describe la máquina como una prolongación directa de su gesto artístico. El artista, junto con su equipo, programa él mismo los movimientos del manipulador, definiendo cada aspecto de su interacción con la piedra.

«Realmente siento que controlo por completo el proceso», subraya Quayola. Para él es fundamental esta distinción: el trabajo físico lo realiza la técnica, pero es el ser humano quien determina cómo actúa y en qué debe convertirse finalmente la obra. En este paradigma, el código de programación se convierte en una herramienta más, como el cincel o el martillo, y la programación en parte integrante del proyecto artístico.

Conclusión: simbiosis en lugar de sustitución

La introducción de la IA y la robótica en los talleres de Carrara no significa el fin de la escultura como arte. Al contrario, marca la transición a una nueva era en la que las fronteras entre el oficio, la tecnología y la creatividad se difuminan de forma consciente.

El robot puede reproducir la forma a la perfección y respetar la exactitud matemática, pero es el ser humano quien la dota de sentido, emoción y contexto cultural. El futuro del mármol de Carrara probablemente no reside en la confrontación entre el hombre y la máquina, sino en su simbiosis, en la que los algoritmos asumen el peso de la materia y el artista sigue siendo el creador insuperable del espíritu.


Fuentes: materiales del reportaje de Euronews sobre la introducción de la robótica en las canteras de mármol de Carrara (empresas LITIX, ROBOTOR, entrevistas con Giacomo Massari y Davide Quayola).

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Fuentes

  • В мраморных карьерах Каррары вековое ремесло меняет ИИ: роботы вырезают сложные скульптуры из камня и ставят вопрос, где кончается ремесло и начинается искусство?

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