Cómo un acelerador de partículas ha revelado una "huella" en la sopa primordial del Universo

Autor: Uliana S

Una ilustración de una estela de partones en una sopa de plasma de quarks y gluones.

En las profundidades del Gran Colisionador de Hadrones (LHC), el acelerador de partículas más potente del mundo, los científicos han logrado finalmente ver algo que durante décadas había sido esquivo. Se trata de la "huella de difusión" (diffusion wake), que deja un quark o gluón veloz al atravesar el plasma de quarks y gluones, una "sopa" de constituyentes elementales de la materia, increíblemente caliente y densa, similar al estado del Universo en los primeros microsegundos tras el Big Bang.

Una imagen de la colisión de dos núcleos de plomo, que dio lugar a dos jets opuestos, registrada por el experimento CMS. Los jets están indicados por conos naranjas.

Imaginen esto: dos núcleos de plomo se aceleran hasta alcanzar velocidades cercanas a la de la luz y colisionan en el detector CMS. En ese instante, se crea plasma de quarks y gluones, un medio donde los quarks y gluones (partones) existen libremente, sin estar confinados dentro de protones y neutrones. Cuando un partón de alta energía atraviesa este plasma, pierde energía e impulso, dejando tras de sí una perturbación similar a la estela de un barco en el agua. La teoría predijo este efecto hace más de 20 años, pero experimentalmente no se había logrado detectar de forma concluyente, ya que la señal era demasiado débil frente a otros procesos.

Anteriormente, los científicos buscaban estas huellas en eventos con jets (chorros de partículas) y bosones Z, pero el ruido de otros efectos enmascaraba la imagen. El equipo, liderado por investigadores de la Universidad de Illinois en Chicago (UIC), incluyendo a Ragunath Pradhan y Olga Evdokimov, aplicó un nuevo enfoque. Se centraron en eventos con "dijets", donde dos jets emergen en direcciones casi opuestas. Esto permitió separar mejor la señal de la huella del fondo.

El análisis de los datos de colisiones plomo-plomo a una energía de 5,02 TeV por nucleón reveló una imagen clara: se observa una notable deficiencia de partículas de bajo impulso (en el rango de 1-2 GeV) detrás de los jets. El efecto se intensifica en colisiones centrales, más "densas", donde se produce más plasma. La significancia superó las cinco desviaciones estándar, un nivel que en física de partículas se considera un descubrimiento fiable.

"Es la culminación de años de búsqueda", señaló Olga Evdokimov. "La observación y caracterización cuantitativa de la huella de difusión abre la puerta a la descripción precisa de las propiedades del plasma de quarks y gluones y ofrece nuevas perspectivas sobre la evolución del Universo temprano".

Los resultados, aceptados para su publicación en Physical Review Letters (artículo HIN-25-012), no solo confirman la teoría. Ayudan a comprender mejor cómo se comportó la materia en los primeros instantes del cosmos, cuando de este plasma se formaron los primeros protones, neutrones y, en última instancia, todo el Universo visible. El plasma se comporta como un fluido perfecto, interactuando fuertemente con las partículas que lo atraviesan, en lugar de como un gas diluido.

Para el público en general, esto es un recordatorio de cómo los laboratorios en la Tierra nos permiten vislumbrar condiciones inaccesibles para la observación directa. Cada nueva "huella" capturada en el colisionador nos acerca a la comprensión de cómo del caos de los primeros instantes surgió el cosmos ordenado en el que existimos. Y la búsqueda, por supuesto, continúa.

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