En la frontera entre la ciencia y la naturaleza, en los duros desiertos helados de la Antártida, los científicos han descubierto un aliado inesperado en la lucha contra el cáncer. El Polytrichastrum alpinum es un musgo que sería un error calificar de "modesto". Es uno de los representantes más altos de la familia de los musgos, alcanzando de 15 a 20 centímetros de altura. La planta, que ha sobrevivido a condiciones extremas de frío y radiación ultravioleta, tuvo que sintetizar potentes compuestos protectores. Recientemente, un equipo internacional de investigadores descubrió que estas mismas sustancias son capaces de combatir una de las enfermedades más peligrosas de la humanidad.
El estudio fue realizado por especialistas del Instituto Coreano de Investigación Polar (KOPRI) en colaboración con científicos de la Universidad Nacional de Chonnam. El KOPRI, fundado en 2004, es la principal institución científica de Corea del Sur para la investigación antártica y ártica. El grupo de trabajo incluyó biólogos y oncólogos veterinarios: Kim Ho-a Phi, Minseo Kim, Hyunsuk Lee, Sang-Ik Park y sus colegas. Los biólogos polares recolectaron muestras de musgo antártico, mientras que los especialistas en oncología veterinaria realizaron pruebas en cultivos celulares de cáncer de mama en perros, un modelo considerado uno de los más representativos para comprender la oncología de los mamíferos.
Los resultados, publicados en la revista Genes & Genomics (2026), mostraron un efecto sorprendente del extracto alcohólico del musgo en las células cancerosas. El extracto redujo significativamente la viabilidad de las células tumorales y limitó sustancialmente su capacidad de migración e invasión a tejidos adyacentes. A nivel molecular, las sustancias del extracto vegetal iniciaron la detención del ciclo celular e indujeron apoptosis, un proceso de muerte celular programada de las células tumorales, que incluye la activación de la caspasa-3, un marcador clave de la vía apoptótica. Una característica importante fue la selectividad de la acción: el extracto actuó predominantemente sobre las estructuras afectadas, dañando mínimamente las células epiteliales sanas.
La elección del modelo de estudio —células de cáncer de mama en perros— no es casual. Las neoplasias malignas en perros se desarrollan a través de mecanismos similares a los de los tumores humanos, lo que hace que estos experimentos sean invaluables para la búsqueda de nuevos enfoques terapéuticos. Los autores del estudio continúan su trabajo conjunto, refinando la composición bioquímica del extracto activo e identificando los compuestos moleculares específicos responsables del efecto antitumoral.


