Las focas monje de Hawái se comunican.
Durante mucho tiempo, a estos raros animales se los consideraba prácticamente mudos bajo el agua. En el año 2025, los científicos escucharon por primera vez la verdadera diversidad de sus voces. Y en el 2026, la inteligencia artificial aprendió a encontrar estas señales entre miles de horas de sonido oceánico.
El océano no estaba en silencio. Simplemente aún no sabíamos escucharlo.
Una voz que se oía pero no se escuchaba
La foca monje de Hawái es endémica del archipiélago hawaiano: en su entorno natural, esta especie no se encuentra en ningún otro lugar del planeta. Su población cuenta con alrededor de 1 600 animales, por lo que cada nuevo método de observación puede ser importante para la conservación de la especie.
Estudiar a las focas no es fácil. Pasan la mayor parte de su vida en el agua, y sus hábitats están dispersos por islas y atolones remotos. Las observaciones visuales solo ofrecen fragmentos aislados de lo que ocurre.
Pero el sonido permanece en el océano incluso cuando el animal no se ve.
El primer gran cambio ocurrió el 12 de noviembre de 2025, cuando en la revista Royal Society Open Science se publicó un estudio de campo sobre la vocalización subacuática de las focas monje de Hawái en libertad.
Los científicos colocaron hidrófonos en cinco áreas, desde las principales islas hawaianas hasta los remotos atolones del noroeste. En más de 4 500 horas de grabaciones descubrieron más de 23 000 vocalizaciones.
En lugar de las pocas señales conocidas anteriormente, los investigadores describieron 25 tipos de llamadas vocales, incluyendo 20 previamente desconocidos.
Diecinueve tipos nuevos resultaron ser combinacionales: los animales unían varios sonidos en secuencias más complejas. La mayoría de las señales sonaban en frecuencias por debajo de un kilohercio, duraban desde fracciones de segundo hasta siete segundos y a menudo se repetían en series.
Las focas, que se consideraban casi mudas, resultaron ser sorprendentemente locuaces.
Del descubrimiento de las voces a la escucha automática
El siguiente paso se dio el 24 de agosto de 2026.
En la revista Marine Mammal Science se publicó un nuevo estudio revisado por pares Description, Detection, and Classification of Hawaiian Monk Seal Vocalizations Through Deep-Learning Methods: Biological and Conservation Applications.
Si el trabajo de 2025 mostró la riqueza del mundo acústico de las focas, el nuevo estudio propuso una herramienta capaz de encontrar automáticamente sus voces en enormes conjuntos de grabaciones.
Para entrenar la red neuronal, los investigadores utilizaron 4 989 señales anotadas manualmente, obtenidas de dos focas adultas mantenidas por separado en condiciones controladas.
Cada sonido se representó como un espectrograma: una imagen en la que la frecuencia, la duración y la intensidad se convierten en un patrón distinguible.
Los científicos afinaron el sistema de visión por computadora YOLO. Por lo general, estos algoritmos reconocen objetos en fotografías y videos, pero aquí la red neuronal buscaba voces en imágenes acústicas.
El modelo alcanzó 87% de precisión ponderada y detectó 48 324 señales en 16 262 horas de grabaciones de los mismos animales.
Lo que habría requerido meses de escucha continua por parte de un humano, el sistema pudo buscarlo automáticamente.
Prueba con el océano vivo
La grabación limpia y el entorno submarino real son mundos completamente diferentes.
En el océano, la voz de la foca se mezcla con olas, corrientes, sonidos de otros animales, movimiento de barcos y ruido de fondo constante. Para probar el modelo en condiciones más difíciles, los científicos combinaron señales confirmadas con grabaciones de sonidos marinos reales con diferentes proporciones de voz y ruido.
Después de un nuevo entrenamiento, el algoritmo detectó 2 049 vocalizaciones en 12 horas de grabaciones de campo, realizadas en importantes hábitats de focas.
Los períodos de presencia acústica marcados por la red neuronal coincidieron con los resultados del etiquetado manual.
Esto aún no es un traductor universal del lenguaje de las focas. Pero ya es una herramienta funcional capaz de escuchar al animal dentro del ruidoso océano.
Por qué la conservación de la naturaleza necesita la voz
Un hidrófono puede permanecer bajo el agua mucho más tiempo que un investigador o un buque científico. Sigue escuchando de noche, con mal tiempo y cuando el animal no se puede ver desde la superficie.
El monitoreo acústico pasivo puede ayudar a los científicos a determinar:
- dónde y cuándo aparecen las focas;
- cómo cambia su actividad vocal;
- qué áreas son especialmente importantes para la reproducción;
- cómo utilizan los animales hábitats remotos;
- cómo afecta el ruido humano a su capacidad de oírse entre sí.
La inteligencia artificial no reemplaza al biólogo. Encuentra episodios importantes en un enorme archivo de sonidos, y el humano verifica el resultado, estudia el contexto y trata de comprender el significado de lo escuchado.
Así, la acústica oceánica se convierte no solo en una forma de conocimiento, sino también en una forma de protección.
Cuando el océano obtiene el derecho a la voz
Estamos acostumbrados a imaginar el océano a través de imágenes: la profundidad azul, los arrecifes de coral, las siluetas de los animales en el agua.
Pero el océano no existe solo en la luz. Existe en el sonido.
Las voces ayudan a los animales marinos a encontrarse donde la visibilidad desaparece. Acompañan encuentros, rivalidades, reproducción, búsqueda de alimento y cuidado de las crías.
En el año 2025, los científicos descubrieron la riqueza de voces de la foca monje de Hawái. En 2026, la inteligencia artificial aprendió a reconocerlas entre miles de horas de sonido oceánico.
No tradujo el habla de las focas al lenguaje humano.
Hizo algo más cauteloso y quizás más importante: ayudó al ser humano a dejar de confundir la inaudibilidad con el silencio.
Las consideraban mudas. Pero el océano siempre lo supo: tienen voz.
