Los bomberos rumanos fueron a Grecia por trabajo y regresaron con un nuevo colega.
Eso sí, el colega resultó ser pelirrojo, bigotudo y completamente ajeno a las normas de seguridad.
Durante uno de los patrullajes, un gato se acercó a los rescatistas. Sin invitación, sin currículum y, al parecer, sin la más mínima intención de irse.
Los bomberos le dieron agua y comida.
El gato lo entendió perfectamente.
Trabajo encontrado.
Al nuevo empleado lo llamaron Garfield, y muy pronto se convirtió en la mascota no oficial del equipo.
Las funciones de Garfield, por ahora, son bastante vagas: estar presente, vigilar lo que ocurre, aceptar comida y, de vez en cuando, aparentar que es él quien dirige toda la operación.
Con el uniforme también hay problemas por ahora.
No tiene casco.
No tiene radio.
Formación contra incendios: cero.
Pero en cuanto a disciplina, todo va de maravilla: llega solo al servicio y prácticamente no abandona su puesto de trabajo.
Así que la entrevista debió de ser más o menos así:
— ¿Tiene experiencia laboral?
— Miau.
— ¿No se pierde en situaciones extremas?
— Miau.
— ¿Cuándo está listo para empezar?
El gato ya había comido del plato.
Aceptado.
Ahora los bomberos rumanos en Grecia tienen su propio Garfield: especialista en apoyo moral, control de la comida y creación de buen ambiente.
A veces, al mejor empleado no se le encuentra mediante un anuncio.
Simplemente, un día llega solo. 😄



