Qué instantes se quedarán con nosotros: el nuevo papel de la amígdala

Autor: Elena HealthEnergy

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La actividad de neuronas individuales de la amígdala predice qué imágenes reconocerá una persona más adelante.

A veces se queda atascado en la memoria el rostro de un desconocido en el metro, el gato de una fotografía o el cambio de un martes cualquiera. ¿Por qué precisamente esas nimiedades acaban en el archivo personal, mientras que cientos de otras se desvanecen sin dejar rastro? Un nuevo trabajo del equipo de Xiao y sus colegas de Cedars-Sinai propone un participante inesperado en este proceso: la amígdala. La mayoría la conoce sobre todo como el centro del miedo, pero resulta que también participa en decidir qué merece ser recordado.

Desde hace tiempo se asocia la amígdala con el procesamiento de acontecimientos emocionalmente significativos. Por eso su papel en el recuerdo suele explicarse por la intensidad de las vivencias: el susto, la alegría o la inquietud hacen que el momento sea más vívido, y el cerebro lo conserva con mayor disposición. Un estudio publicado en la revista Nature Neuroscience muestra que el cuadro es más amplio. La actividad de neuronas individuales de la amígdala predice qué imágenes reconocerá la persona más tarde, y esta relación no desaparece incluso si se tiene en cuenta hasta qué punto la imagen conmovió emocionalmente.

Los autores trabajaron con registros directos. Siguieron la actividad de células nerviosas individuales en personas con epilepsia farmacorresistente: a estos pacientes se les implantan electrodos en lo profundo del cerebro para localizar el foco de las convulsiones. Los participantes miraban imágenes y después pasaban una prueba de reconocimiento. Así se pudieron cotejar dos momentos: cómo respondió una determinada neurona a la imagen la primera vez y si la persona la recordó después. Los datos se obtuvieron en dos muestras independientes —42 y 95 pacientes con distintas tareas de memoria—. El resultado clave se confirmó también en la segunda muestra.

Lo más interesante es la selectividad de las neuronas. Muchas células de la amígdala no reaccionan a todo por igual: cada una responde con más fuerza a una categoría determinada de imágenes. En el estudio eran rostros, animales, comida, coches y paisajes. La palabra «preferencia» es aquí un término técnico que describe la forma de la respuesta de la célula, no las simpatías personales de la persona.

Y aquí es donde la selectividad se vuelve importante para la memoria. Cuanto más respondía esa célula a una imagen de «su» categoría en la primera presentación, mayor era la probabilidad de que la persona la reconociera después. La diferencia de actividad aparecía aproximadamente 350 milisegundos después de la aparición de la imagen, es decir, casi al instante, mucho antes de que la persona decida conscientemente si ha recordado algo. La mayoría de las veces el efecto se manifiesta con más claridad en el hemisferio derecho: allí la relación entre las neuronas de la amígdala y el recuerdo resultó más fuerte.

Es especialmente importante que la valoración emocional de las imágenes no anulara este efecto. La explicación habitual a través de la intensidad de las vivencias resultó ser solo una parte del cuadro. Al parecer, la amígdala también reacciona al propio contenido de lo visto y ayuda a decidir qué fragmentos de la experiencia merece la pena conservar.

Hay un detalle más. Cuando la imagen se recordaba, la actividad de la amígdala y del hipocampo —una región cerebral asociada desde hace tiempo con la formación de recuerdos de acontecimientos— se coordinaba en el tiempo con más estrechez. Las neuronas del hipocampo que reaccionaban a la categoría «preferida» coincidían más en ritmo con las oscilaciones de actividad de la amígdala. Cabe imaginar a dos músicos que aciertan con más precisión en un compás común. En el cerebro, ese «compás» quizá ayuda a ambas estructuras a registrar juntas un acontecimiento, pero por ahora es una hipótesis.

Sin embargo, las conclusiones tienen límites, y los propios autores los señalan. Las observaciones muestran una relación entre la actividad neuronal y el recuerdo, pero no demuestran la causa. Está por verificar por separado si la estimulación de tales neuronas podrá mejorar la memoria. El estudio se realizó en personas con epilepsia, y su cerebro puede diferir del de las personas sanas, por lo que hay que trasladar los resultados a todos con cautela. Además, la prueba de reconocimiento de imágenes mide solo un tipo de memoria y no permite juzgar los recuerdos que perduran durante décadas. Para eso hacen falta otras investigaciones.

El interés práctico es comprensible. Los autores relacionan los hallazgos con la enfermedad de Alzheimer y la epilepsia temporal, en las que la memoria se ve afectada, y admiten que la amígdala podría convertirse en una diana para futuros métodos de tratamiento, por ejemplo la neuromodulación. Pero por ahora es una hipótesis, no una herramienta: el experimento no probó ninguna terapia ni midió la memoria a lo largo de años.

La fuerza del trabajo reside en las mediciones directas de neuronas individuales en personas y en la reproducción del resultado clave en una segunda muestra. Esto ayuda a ver con más precisión cómo distintas regiones del cerebro participan en la transformación de la experiencia presente en aquello que podremos recordar después.

Para una persona corriente, la conclusión es esta: el recuerdo empieza en el momento del encuentro con el mundo. La respuesta emocional, el contenido de lo visto y el trabajo coordinado de las redes neuronales deciden juntos si una imagen fugaz pasará a formar parte de la historia personal. La amígdala participa en este proceso de forma más amplia de lo que sugiere la imagen habitual de centro del miedo.

Cómo exactamente una imagen concreta obtiene ventaja sobre las demás sigue siendo una pregunta abierta. La respuesta podría ayudar a entender cómo se forma nuestra historia personal a partir del flujo de impresiones fugaces.

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Fuentes

  • Stimulus-specific recruitment of human amygdala neurons predicts episodic memory encoding success

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