En Bozeman, Montana, ocurrió una escena que suena como el comienzo de un mal chiste, pero sucedió de verdad.
Un oso negro entró en el patio de una casa. Y entonces dos perros corrieron hacia él: Elvin y Bear.
Sí, uno de los perros realmente se llama Bear, que significa «Oso».
Es decir, ya en ese punto la situación parecía magnífica: un oso real se encontró con un perro llamado Oso.
Al principio, el visitante salvaje decidió demostrar quién mandaba allí, e incluso se dirigió hacia los perros. Pero ellos no retrocedieron y siguieron ladrando, rodeándolo desde el lado del patio.
Después de unos segundos, el oso negro pareció reconsiderar sus planes de vida.
Se dio la vuelta, trepó la cerca y se fue.
Al final, resultó literalmente:
Oso ahuyentó a oso.
Y Elvin, al parecer, solo vino a ver cómo se desarrollaba el enfrentamiento entre tocayos. 😄
Lo más divertido es que desde fuera todo parecía como si Bear finalmente hubiera tenido la oportunidad de confirmar su nombre en la práctica.
Y lo confirmó.
No con un rugido.
No con garras.
Sino con el habitual ladrido canino:
«¡GUAU-GUAU-GUAU, LÁRGATE DE AQUÍ!»
A veces, para vencer a un oso, realmente basta con otro Oso.


