En Wembley todo empezó con un error de un defensa y terminó con el característico regate de Oyarzabal. España, vigente campeona del mundo y de Europa, remontó un 1:2 y venció por 3:2 en el debut de la Liga de Naciones, prolongando su racha de imbatibilidad hasta 39 partidos. Inglaterra iba por delante, pero una vez más no supo mantener la ventaja contra un equipo que ya la había derrotado dos veces en finales en los últimos años.
Yamal marcó ya en el segundo minuto tras una pérdida garrafal de Guéhi. Los ingleses reaccionaron rápido: Gordon empató y Kane, de cabeza, adelantó a los locales. Parecía que los «Tres Leones» iban por fin a mostrar carácter tras el tropiezo en el Mundial. Pero el penalti de Kane en la segunda parte se estrelló en el larguero, y todo cambió.
Baena y Oyarzabal, salidos desde el banquillo, le dieron la vuelta al partido en 14 minutos. El primero aprovechó una pérdida de O'Riley, el segundo recibió un pase perfecto y superó con técnica al portero por encima. España no solo remontó: mostró cómo funciona un mecanismo pulido durante años: presión, pases cortos y sangre fría en los momentos clave.
Para Inglaterra esto ya no es solo una derrota. Los goles encajados tras errores propios, el penalti fallado y la ausencia de un plan B contra el control del balón español apuntan a problemas sistémicos bajo la dirección de Tuchel. España, en cambio, confirma que incluso en un torneo en esencia amistoso sigue siendo el modelo de madurez táctica y estabilidad psicológica.
Oyarzabal, que marcó el gol de la victoria en la final de la Eurocopa 2024, volvió a ser el héroe contra Inglaterra. No es casualidad, sino una regularidad: el equipo de de la Fuente sabe castigar el más mínimo desliz, convirtiéndolo en una ventaja a largo plazo.


