Hoy tenemos otra novedad: la película francesa «Solo una ilusión» (Juste une illusion, 2026).
Al principio hay que acostumbrarse un poco a la narrativa francesa, pero tras 20 minutos de visionado ya no puedes apartar la vista de la pantalla. Ya estás dentro de esa familia, dentro de sus conversaciones, su música, sus discusiones, sus primeros sentimientos y sus pequeños descubrimientos.
Y luego, simplemente empiezas a disfrutar.
La familia a través de los ojos de un niño
La acción transcurre en el año 1985 en las afueras de París.
En el centro de la historia está Vincent, de casi 13 años, Vincent, que vive entre unos padres que siempre están discutiendo, un hermano mayor, la escuela, los amigos y su primer amor.
Pero lo que más preocupa al niño son las preguntas para las que, por alguna razón, los adultos aún no han encontrado respuestas normales.
Uno de nuestros diálogos favoritos suena más o menos así:
—¿Por qué estamos aquí, en la Tierra? ¿Por qué vivimos y por qué morimos? ¿Por qué la gente enferma y sufre? ¿A dónde vamos después de la muerte? ¿Y cómo saber si eres un mesías o no?
—Comprueben si tiene fiebre.
—Parece que no eres un mesías.
Y en eso consiste toda la película.
Habla de cosas bastante importantes, pero lo hace con ligereza: a través del humor, las conversaciones familiares y la capacidad infantil de hacer las preguntas más incómodas con un tono absolutamente serio.
Primeros besos, música y piel de gallina
«Solo una ilusión» no es una película con una única gran trama que avanza a toda prisa hacia el final.
Es más bien un recuerdo sobre el hecho de hacerse mayor.
El primer amor. Miradas incómodas. El primer beso. La música que, de repente, se vuelve lo más importante del mundo. El hermano mayor, al que quieres matar y adorar al mismo tiempo. Los padres, que parecen saberlo todo... hasta que un día te das cuenta de que ellos mismos no saben nada a ciencia cierta.
Es precisamente aquí donde la película se vuelve, poco a poco, muy cálida.
Hay romance. Hay humor. Hay una música maravillosa de los años 1980. Hay momentos en los que sonríes y, unos segundos después, de repente se te pone la piel de gallina.
Una magnífica familia francesa
Los directores de la película son Olivier Nakache y Éric Toledano, los creadores de «1+1».
Y eso explica muchas cosas.
Vuelven a ser capaces de lograr lo principal: tomar a personas corrientes, con sus imperfecciones, rarezas y debilidades, y hacernos amarlas.
A los padres de Vincent los interpretan Louis Garrel y Camille Cottin. Y al propio niño — Simon Boublil, que se convierte en el verdadero corazón de la película.
A Camille Cottin la recordamos por «Dix pour cent».
Garrel está especialmente bien aquí: divertido, nervioso, lleno de vida y completamente alejado del ideal de padre cinematográfico.
Pero es que aquí no hay personas perfectas.
Precisamente por eso la familia parece real.
Un poco parecido a «El pequeño árbol»
Por la sensación que transmite, la película nos recordó en cierto modo a «El pequeño árbol» — no literalmente por la trama, sino por la mirada sobre el mundo.
Cuando las cosas de adultos se muestran a través de los ojos de un niño.
Cuando las preguntas sencillas resultan ser, inesperadamente, filosóficas.
Cuando crecer no es el momento en que cumples una determinada cantidad de años, sino el descubrimiento gradual de que el mundo es mucho más complejo de lo que parecía.
Solo que aquí todo se presenta de una forma totalmente francesa: más ligera, más irónica, más romántica, con música, bailes y el primer amor.
Y, sin embargo, ¿por qué estamos aquí?
La película no intenta dar una respuesta definitiva.
Y, probablemente, hace bien.
Quizás el sentido consista precisamente en esas pequeñas cosas: en una cena familiar, una conversación absurda, una canción favorita, el primer beso, en la capacidad de reírse cuando todo parece demasiado serio.
«Всего лишь иллюзия» — una película divertida, ligera, conmovedora y sorprendentemente viva.
Es ese caso poco común en el que, tras los créditos finales, no te apetece analizar la trama.
Solo quieres quedarte sentado unos minutos más con esa sensación.
Calificación de Gaya: 8,8 de 10.
Un cine muy francés, muy cálido, sobre la familia, la infancia y el momento en que empiezas a comprender por primera vez que los adultos también están solo intentando averiguar por qué estamos todos aquí.



