La gravedad parecía exigir una libertad total para crear entrelazamiento cuántico entre partículas. Un nuevo trabajo refuta esta limitación: los protocolos funcionan también en sistemas rígidamente fijados, como los nanotubos de carbono, conservando la fase de entrelazamiento con apenas pequeñas correcciones.
Un grupo de investigadores publicó los resultados el 28 de septiembre de 2026 en una revista revisada por pares de la Sociedad Estadounidense de Física. Los científicos modelaron y analizaron el comportamiento de dos objetos masivos colocados en nanotubos, donde las restricciones mecánicas no permiten la caída libre. En su lugar, la interacción gravitacional indujo entrelazamiento, y la fase se conservó con correcciones que no superan unos pocos por ciento.
El entrelazamiento aquí es un estado en el que la medición de una partícula determina instantáneamente el estado de otra, independientemente de la distancia. En los nanotubos, esto recuerda a dos bailarines unidos por hilos invisibles: aunque sus movimientos estén limitados por las paredes de la sala, el ritmo permanece sincronizado, desviándose apenas ligeramente por los empujones contra las barandillas.
El experimento amplía las posibilidades de verificar la naturaleza cuántica de la gravedad. Antes, tales pruebas requerían condiciones de ingravidez o caída libre, como en las misiones espaciales. Ahora basta con instalaciones de laboratorio con nanoestructuras, lo que hace la verificación más accesible y repetible.
Los resultados, publicados en la revista revisada por pares de la APS el 28 de septiembre de 2026, muestran que las pequeñas correcciones no destruyen el efecto, sino que solo lo precisan. Esto abre el camino a experimentos en tierra, donde la gravedad manifiesta rasgos cuánticos sin una infraestructura compleja.
Así, la gravedad cuántica se acerca al laboratorio cotidiano, en lugar de seguir siendo patrimonio exclusivo de las estaciones orbitales.


