La edad registrada en el pasaporte dice poco sobre lo que ocurre dentro de una célula individual. Dos células del mismo organismo pueden existir en estados biológicos completamente diferentes: una conserva signos de juventud, mientras que la otra ya muestra estrés, daños en el ADN y rasgos característicos del envejecimiento celular.
Investigadores del Instituto Karolinska y de la Universidad de Estocolmo han desarrollado una herramienta llamada Pasta que permite observar esta diferencia a través de la actividad genética. El trabajo se publicó el 27 de julio de 2026 en la revista Advanced Science. Pasta pertenece a los llamados relojes transcriptómicos de envejecimiento, sistemas que estiman la edad biológica según qué genes están activos en la célula y con qué intensidad funcionan.
La edad como estado
Para crear Pasta, los investigadores recopilaron datos sobre la actividad genética de 17 212 muestras de tejidos sanos provenientes de 21 estudios. El modelo incorporó datos de diferentes tejidos y diversas tecnologías de análisis genético.
Muchos relojes transcriptómicos anteriores funcionan bien solo con un tejido específico o una tecnología de medición concreta. Los investigadores intentaron crear un modelo capaz de reconocer un cambio de edad general, independientemente de dónde se haya obtenido la muestra.
Para ello, utilizaron el enfoque de "age-shift" (desplazamiento de edad). En lugar de intentar simplemente adivinar la edad cronológica de una persona, el algoritmo aprendió a reconocer cuál de dos muestras comparables mostraba un perfil de expresión génica más joven o más viejo.
Como resultado, Pasta pudo trabajar con datos de RNA-seq en masa (bulk), RNA-seq de célula única y microarrays.
Por lo tanto, es más correcto llamar al indicador obtenido no la "edad verdadera" absoluta de la célula, sino su edad biológica transcriptómica.
¿Qué le sucede a una célula que envejece?
Cuando los investigadores observaron qué procesos biológicos estaban más fuertemente relacionados con las lecturas de Pasta, surgió un patrón de envejecimiento familiar.
Una edad transcriptómica alta estaba asociada con las vías p53, el estrés celular y la respuesta a daños en el ADN. El modelo también distinguía entre estados celulares más jóvenes, similares a las células madre, y el estado de senescencia celular, cuando la célula deja de dividirse normalmente y pasa a un régimen funcional alterado de forma persistente. Los investigadores fueron más allá. Decidieron utilizar el reloj no solo para medir el envejecimiento, sino también para buscar qué es capaz de modificarlo.
Tres millones de experimentos a través de los ojos de un solo algoritmo
Pasta se aplicó a la enorme base de datos Connectivity Map L1000, que contiene más de tres millones de perfiles de actividad genética. En estos experimentos, las células se sometieron a la influencia de sustancias farmacológicas o cambios genéticos, tras lo cual los investigadores midieron cómo se reorganizaba el funcionamiento de los genes.
El análisis incluyó 248 líneas celulares, más de 30 000 exposiciones químicas y cerca de 14 000 intervenciones genéticas. Para cada exposición, Pasta planteaba prácticamente una sola pregunta: ¿el transcriptoma de la célula comenzó a parecer más viejo o más joven?
Así, los investigadores descubrieron 271 compuestos relacionados con un desplazamiento hacia un estado más viejo, y 63 compuestos relacionados con un desplazamiento hacia un perfil transcriptómico más joven. Es aquí donde Pasta se transforma de un "reloj" en una herramienta para buscar posibles mecanismos de envejecimiento.
Mecanismos inesperados de envejecimiento
Los estados que desplazan a las células hacia el envejecimiento resultaron estar relacionados con alteraciones en los procesos de traducción mitocondrial, es decir, la producción de proteínas dentro de las mitocondrias. Por otro lado, el desplazamiento hacia un estado más joven se asoció con el procesamiento del ARNm, un proceso mediante el cual la célula edita la molécula de ARN primaria antes de crear una proteína.
Esto es especialmente interesante porque el envejecimiento aquí no se presenta como el trabajo de un único «gen de la vejez», sino como una alteración de toda una red de procesos: reparación del ADN, funcionamiento mitocondrial, procesamiento del ARN, respuestas al estrés y regulación de la expresión génica.
Una célula puede ser más vieja que su organismo
La investigación de Pasta añade un argumento más a favor de una idea que está cambiando cada vez más la biología del envejecimiento: la edad no es solo el tiempo transcurrido desde el nacimiento. Es el estado del sistema. En un mismo organismo, diferentes células y tejidos pueden avanzar por la trayectoria del envejecimiento a distintas velocidades. Y si antes la edad se medía principalmente con el calendario, hoy en día se intenta leer cada vez más directamente en la arquitectura molecular de la célula: en el epigenoma, las proteínas, los metabolitos y, ahora con mayor precisión, en el transcriptoma.
Pasta aún no es una prueba clínica y no puede decirle a una persona cuántos años le quedan de vida. Pero ofrece a los investigadores algo distinto: una forma rápida de comprobar quéintervenciones desplazan el estado molecular de la célula hacia el envejecimiento y cuáles lo hacen en la dirección opuesta.
Y es precisamente aquí donde reside el sentido importante de este trabajo. Si la edad biológica puede medirse como un estado modificable, la siguiente pregunta surge casi inevitablemente: ¿hasta qué punto es posible revertir este estado?


