La tortuga gigante Jonathan de la isla de Santa Elena está oficialmente considerada el animal terrestre vivo más longevo que se conoce.
Tiene 194 años.
Y ahora los científicos han decidido estudiar con atención su ADN para entender por qué el organismo de Jonathan logra mantenerse viable durante tanto tiempo.
A los investigadores les interesan especialmente los mecanismos del envejecimiento celular, la regeneración de tejidos y el metabolismo energético.
Es decir, imagínense:
tiene usted 194 años,
vive tranquilo en una isla,
sin prisas por ningún lado,
come,
pasea,
observa a las personas que van cambiando de generación en generación,
y de pronto llegan unos científicos y le dicen:
«¿Podemos por fin saber cuál es su secreto?»
Y le toman muestras. 😄
El propio Jonathan, al parecer, sigue fiel a su propio programa científico:
menos ajetreo, más hojas.
Quizá sea precisamente por eso que los humanos aún no han encontrado la fórmula de la longevidad.
Corren demasiado.
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