Una vista desde abajo hacia arriba de un oso polar que se asoma a un agujero en el hielo, como a una ventana hacia una foca, es una de las obras más destacadas en la lista corta del concurso Wildlife Photographer of the Year 2026. El fotógrafo noruego Audun Rikardsen instaló una cámara submarina y esperó ocho horas hasta que la depredadora se marchara. Esta escena revela no solo la curiosidad del gigante ártico, sino la delgada línea entre cazador y presa en un mundo donde el hielo se derrite más rápido de lo que las especies pueden adaptarse.
Junto al oso polar, una ardilla que se salvó de un joven guepardo en un árbol en el delta del Okavango. La fotógrafa Allegra Hutton capturó el momento en que el depredador, que no logró atrapar a su presa, desciende torpemente. Para los guepardos, cuyas crías sobreviven en menos de la mitad de los casos, tales fracasos son parte de la lucha diaria por la existencia en la sabana, donde cada salto decide el destino.
Otros finalistas muestran momentos no menos dramáticos: una orca que lleva el cuerpo de una cría muerta por un fiordo noruego; un camaleón en una tormenta de arena del desierto de Namibia; bandadas de millones de tejedores de pico rojo que se lanzan hacia el agua al atardecer en Kenia. Cada fotografía no es solo una imagen, sino una ventana al comportamiento animal que los científicos apenas comienzan a comprender más profundamente.
El concurso, organizado por el Museo de Historia Natural de Londres, reúne cada año miles de obras de todo el mundo. Este año, la lista corta destaca cómo la vida silvestre se adentra incluso en las ciudades: un sapo japonés en una calle de Tokio o vencejos sobre un parque londinense. Estas imágenes recuerdan que la frontera entre lo "salvaje" y lo "humano" es cada vez más delgada.
Las fotografías no solo capturan la belleza, sino que también documentan la vulnerabilidad de los ecosistemas. Una orca que intenta "revivir" a su cría, o un buitre sobre el cadáver de un caimán con una herida sospechosa de una lancha, son evidencias de cómo la actividad humana se entrelaza con los ciclos naturales. Según estudios, estos casos se vuelven más notorios a medida que el clima cambia y la infraestructura se expande.
Los finalistas del concurso muestran que la naturaleza está llena de alianzas y enfrentamientos inesperados: un pájaro carpintero que limpia a un rinoceronte, o un mosquito en la cabeza de una serpiente venenosa. Estos encuentros fugaces revelan complejas redes de interdependencia, donde cada especie juega su papel en el mantenimiento del equilibrio.
Las mejores imágenes del concurso recuerdan que la observación atenta de la vida silvestre ayuda a comprenderla y protegerla mejor.
