En el tercer trimestre del año 2026, China recibió a 11,6 millones de visitantes extranjeros, 15,6% más que un año antes. De ellos, casi 9 millones entraron sin visado, y esa proporción creció en 24,1%. Estas cifras, publicadas por la Administración Nacional de Inmigración de la República Popular China, muestran no solo un salto estadístico, sino un cambio en la forma en que los extranjeros empiezan a percibir el país.
La política de entrada unilateral sin visado, puesta en marcha a finales del año 2023 para seis países y ampliada a 50 Estados para septiembre del año 2026, permite permanecer hasta 30 días. El régimen de tránsito para 57 países se ha prolongado hasta 240 horas. Rusia, Corea del Sur y Vietnam encabezan la lista, seguidos de Malasia, Estados Unidos y Japón. La simplificación de los trámites coincidió con las tendencias «China Travel» y «China Haul»: los extranjeros no solo visitan los lugares de interés, sino que también compran activamente productos, prueban la vida cotidiana y comparten sus hallazgos en las redes sociales.
Detrás de las cifras hay un proceso más profundo. Antes, entrar en China exigía una preparación previa y a menudo limitaba los viajes espontáneos. Ahora el umbral es más bajo, y eso cambia la composición de los viajeros: más turistas individuales, menos grupos organizados. Como resultado, crece el interés por regiones fuera de Pekín y Shanghái, desde Harbin hasta las aldeas de Guizhou, donde los visitantes conversan con los lugareños y prueban las artesanías tradicionales.
Sin embargo, el rápido crecimiento también plantea desafíos. Los destinos turísticos incorporan asistentes de IA para la traducción y simplifican los pagos móviles, pero la afluencia masiva puede aumentar la presión sobre los lugares populares. Las autoridades chinas se han fijado, en un plan a largo plazo hasta el año 2030, el objetivo de 190 millones de visitas de entrada al año y unos ingresos superiores a 150 mil millones de dólares. El éxito dependerá no solo de la cantidad, sino también de si se logra mantener el equilibrio entre la accesibilidad y la autenticidad de las experiencias.
En definitiva, las medidas sin visado convierten a China de una parada en la ruta en un lugar al que se vuelve. Para muchos visitantes ya no es simplemente «otro país más», sino un espacio donde se puede uno quedar más tiempo, comprender el ritmo y llevarse consigo no solo recuerdos, sino también nuevos vínculos.

