Una llamarada solar de clase M5.8, detectada el pasado 9 de mayo, se produjo junto con una eyección de masa coronal que, según las previsiones, podría pasar cerca de la Tierra el 13 de mayo. Este fenómeno se enmarca en un contexto de creciente actividad solar dentro del ciclo actual, en el que el número de manchas ya ha superado los valores medios registrados en el periodo anterior.
Un impacto directo de una eyección de masa coronal (CME) es capaz de provocar perturbaciones geomagnéticas que afecten a las comunicaciones por satélite y a las redes eléctricas. El impacto tangencial previsto para esta ocasión reducirá la intensidad de estos efectos, aunque es posible que se avisten auroras polares en latitudes donde no suelen ser comunes. Los operadores de redes eléctricas en las regiones septentrionales ya han recibido avisos sobre posibles oscilaciones de tensión.
El origen de la llamarada se encuentra en la acumulación de campos magnéticos en la región activa AR3664. Cuando la intensidad de estos campos alcanza un nivel crítico, se produce una reconfiguración que libera energía en forma de rayos X y una eyección de plasma. Los modelos de la NASA y la NOAA indican que la velocidad de la CME es de unos 800 km/s y que su trayectoria pasará a una distancia de 0,3 unidades astronómicas de la línea Sol-Tierra.
A modo de comparación, si la eyección se desplazara directamente hacia la Tierra, la velocidad del viento solar podría alcanzar los 600-700 km/s y provocar una tormenta de nivel G3. Con un paso tangencial, es probable que el índice Kp no supere el valor 5, lo que equivale a una tormenta moderada. Esta diferencia se debe al ángulo con el que la nube magnética colisiona con la magnetosfera del planeta.
Las consecuencias para la vida cotidiana se limitarán a un incremento de las auroras boreales en Canadá, Escandinavia y el norte de Rusia. Los radioaficionados podrían experimentar interrupciones temporales en las comunicaciones de onda corta en frecuencias inferiores a 10 MHz. Los vehículos espaciales en órbita geoestacionaria recibirán una dosis adicional de radiación, aunque los sistemas de protección de los satélites están diseñados para soportar tales niveles.
La actividad solar seguirá aumentando hasta alcanzar el máximo del ciclo en 2025, por lo que este tipo de eventos se volverán habituales. El monitoreo en tiempo real permite tomar medidas preventivas para proteger las infraestructuras, si bien la precisión en los pronósticos de la trayectoria de las CME sigue siendo limitada debido a la complejidad de modelar los campos magnéticos en el espacio interplanetario.



